«Un hombre que daba alas para volar» por Luis Conde

(Se puede leer el artículo en la página web de La Vanguardia)

Estoy seguro de que nuestro amigo hubiera deseado una despedida personal con cada uno de nosotros. No ha sido posible.

La vida nos enseña que una cosa, un acontecimiento, un problema, solo puede realmente ser comprendido cuando se piensa, cuando se abraza, cuando se penetra hondo y a su vez nos penetra, es decir, cuando lo sentimos vibrar en lo profundo de nosotros mismos. Cuando, sin embargo, algo pasa solamente por el cedazo del análisis frío, la razón lo destruye.

Solo se comprenden bien las cosas cuando se sienten y uno las hace suyas a través del sentimiento.

Pues bien, en estos momentos de despedida de Fortu es cuando uno siente lo que se va, sobre todo los amigos, y es que él era un amigo, especial y entregado y con una gran humildad.

La humildad significa la desaparición de uno mismo para fusionarse con el otro y poder alimentarle y darle vida.

Es como la sal de la tierra, que es invisible, lo que en modo alguno significa que no condicione totalmente su sabor.

Es lo que era Fortu, pura sal.

Humildad en su máxima extensión.

Fortu era el prototipo de persona que te daba alas para volar, confiaba en su gente, les permitía brillar y él siempre figurando en una posición discreta.

Hoy Fortu ha llegado al final de un largo partido que ha durado 81 años.

Como en todos los partidos, ha jugado con amigos y contrincantes, ha recibido empujones y aplausos, ha corrido para marcar goles y los ha marcado, pero como todo ser humano también los ha recibido, se ha caído y se ha vuelto a levantar y nunca perdió la esperanza, porque su afán de superación, la pasión por lo que hacía, su incansable esfuerzo y el apoyo incondicional de su mujer y sus hijos le acompañaron toda la vida y le dotaron de la energía suficiente como para seguir luchando hasta el final.

El esfuerzo y el sudor en la vida siempre tienen recompensa: te hacen mejor.

Fortu, dicen que lo único que te vas a poder llevar de este mundo es aquello que hayas sido capaz de dar.

Estoy seguro de que nos dejas llevándote un buen cargamento a tus espaldas.

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