¿Invertiremos más en ciencia después de la pandemia?

Josep Samitier Martí, Presidente de la Associació Catalana d’Entitats de Recerca (ACER) y Director del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC)

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Más allá de las consecuencias económicas de la crisis provocada por la Covid-19, parece cada vez más claro que esta tendrá, también, derivadas de carácter político, social, cultural, educativo o científico que condicionarán nuestra manera de vivir y de entender un mundo, que, tal como lo habíamos conocido hasta ahora, se desvanece. Este puede ser un buen momento para repensar y priorizar aquellos aspectos vitales para el desarrollo sostenible y el progreso de nuestras sociedades.

El Cercle d’Economia continua la conversación con destacados actores de nuestro entorno para tratar de reflexionar y aportar ideas sobre lo que está pasando y cómo se van configurando, desde este momento, las opciones para construir el día siguiente.

«Tenemos que analizar nuestros valores y también nuestras prioridades, ya que no podemos gestionar el futuro con herramientas y prioridades del pasado.»

¿Invertiremos más en ciencia después de la pandemia?

Josep Samitier Martí, Presidente de la Associació Catalana d’Entitats de Recerca (ACER) y Director del Institut de Bioenginyeria de Catalunya (IBEC)

Estos días de confinamiento estamos viendo en todos los medios de comunicación más noticias sobre ciencia e investigación que nunca. Profesionales de la medicina, enfermería, farmacia, física, biología, bioingeniería, informática, sociología, psicología, economía, matemáticas, ingenieros de producción 3D y otros expertos en diversos campos, a todos ellos se les pregunta sobre qué nos pasa y cuáles son las soluciones futuras que vemos. La mayoría de nosotros no recordamos ninguna situación similar en la que nuestro día a día y la forma de sociedad que hemos ido conformando se haya visto tan trastornada y, en algunos aspectos, parada.

No estábamos preparados para afrontar esta pandemia. Hace años que escuchamos voces autorizadas que alertan sobre graves problemas que pueden impactar directamente sobre nuestra vida humana: el cambio climático, la crisis energética y la finalización de los combustibles fósiles, el incremento de resistencia de las infecciones bacterianas a los antibióticos, la necesidad de minerales muy escasos en nuestro planeta para mantener el desarrollo informático de microprocesadores que requieren las nuevas redes de comunicación…

Podríamos decir que ahora nos hemos dado cuenta, ciertamente, de que hemos entrado en un nuevo milenio en el que debemos afrontar estos problemas y también desarrollar nuevos conocimientos, nuevas tecnologías y nuevas formas de organizarnos y gestionarnos como sociedad. Esto conlleva analizar nuestros valores y también nuestras prioridades, ya que no podemos gestionar el futuro con herramientas y prioridades del pasado. Cada territorio, cada sociedad, tiene que definir nuevas políticas para los retos del nuevo milenio.

Durante las últimas décadas, la evolución científica y tecnológica ha sido un motor para asegurar la hegemonía militar, el poder económico y, también, el bienestar y la esperanza de vida, sobre todo del primer mundo. Ahora, la crisis de la Covid-19 nos marca un punto de inflexión: debemos considerar cómo queremos gestionar los desafíos globales, y las políticas públicas deben priorizar e invertir con esta nueva visión.

Durante los primeros 20 años que llevamos de este milenio, no lo hemos hecho. Hace pocos días, los datos de la intervención oficial del estado español indicaban que el sector público estatal invirtió el año 2019 en investigación y desarrollo un total de 2.955 millones de euros; sólo el 46,4% del presupuesto que había disponible (6.366 millones). Esto se debe a que la mitad del presupuesto que se destina a este ámbito es en créditos a devolver, que no son absorbidos por las entidades de investigación y las empresas, ya que están pensados ​​para un retorno a corto a plazo. Instrumentos financieros que no se adecuan a las necesidades que queremos afrontar los investigadores. Llevamos años planificando los presupuestos públicos así, y estos instrumentos financieros siguen sin utilizarse ni para las entidades públicas ni para las privadas.

Si ahora dividimos la cantidad pública estatal real invertida en investigación por los 47 millones de personas que cubren este presupuesto, esto representa que hemos destinado 64 euros anuales per cápita de nuestros impuestos para intentar entender un poco mejor estos graves problemas. ¿Es una cantidad suficiente? El anteproyecto de presupuestos del gobierno estatal para el año 2020, que finalmente no se presentará a aprobación, quería aumentar estas cantidades en un 5% (menos de un euro per cápita). En el caso de Cataluña, los presupuestos 2020 destinados a investigación e innovación, que se presentaron el día 24 de abril para aprobación, no incorporan incrementos sustanciales en los apartados de investigación, a pesar de los trabajos realizados en el marco del Pacto Nacional para el Conocimiento, pendientes de aprobación final, que indican una voluntad de incremento. Objetivo 2024: alcanzar el valor de la media europea de esfuerzo público, que es del 0,75 del PIB. En Cataluña el gasto público estatal en I + D ha pasado de los 541,52 MEUR en 2009 a 348,34 MEUR en 2016, una disminución de prácticamente 200 MEUR anuales, muy superior a la que ha sufrido el gasto de la Generalitat en el mismo periodo, que ha pasado de 673,94 MEUR a 619,06 MEUR (54 MEUR de disminución).

Por lo tanto, en Cataluña, entre la parte estatal y la de la Generalitat, destinamos 967 millones de euros que representan unos 130 euros públicos per cápita en investigación. En cinco años, el Pacto propone incrementar en 365 millones más el presupuesto destinado a investigación pública a repartir entre la aportación estatal y la de la Generalitat. Esto nos situaría en 178 euros per cápita dentro de cinco años. Los últimos datos de Eurostat indican que la Europa de los 28 dedica de media 620 euros per cápita; incluyendo la parte pública (33%), la privada (66%) y la privada sin ánimo de lucro (1%). Esto nos dice que en Europa la aportación pública per cápita antes de la crisis de la Covid-19 es de 204 euros. ¡Quizás es el momento de modificar las prioridades en gasto público de nuestra sociedad si queremos afrontar con éxito y garantías el nuevo milenio!

¿Invertiremos más en ciencia después de la pandemia?

Josep Samitier Martí

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