Cápsula resumen y artículo de la sesión «Distribución de la renta y desigualdad: la situación tras la Gran Recesión»

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Laurence Boone (OCDE): “El 40% de los trabajos actuales desaparecerán en los próximos 20 años, y un 30% de los restantes cambiarán de forma dramática”

Pol Morillas, director del CIDOB y moderador de la sesión, apuntó en su arranque que, desde la década de 1990, el 1% de la población más rica no ha parado de acumular renta y que la diferencia en la distribución entre los distintos percentiles de la población no ha dejado de ensancharse. Este proceso ha afectado especialmente a los segmentos más pobres de las poblaciones del África subsahariana, y, en segundo lugar, a las clases medias de los países desarrollados, y, además de a los megarricos, ha beneficiado sobre todo a las clases medias de China e India.

Al cabo de esos cambios, hoy en España el 60% de los trabajadores temporales lo son de forma involuntaria, y el 10% más rico de la población acumula el 60% de toda la riqueza personal.

La peor desigualdad no es la de ingresos, sino la de oportunidades para progresar

A continuación, tomó la palabra Laurence Boone, economista jefe de la OCDE, quien apuntó en primer lugar que su organización, tradicionalmente interesada en analizar la economía desde el punto de vista de la demanda, se ha interesado en los últimos años por la desigualdad no solo por ser una importante preocupación social, sino porque también afecta al crecimiento económico.

Si analizamos la evolución histórica de los ingresos del 10% más rico de la población de los países de la OCDE, del 10% más pobre y del 10% que se sitúa en el medio de la tabla, en el caso de los primeros han crecido espectacularmente, pero para los otros dos se han mantenido planos. Además, esa mayor desigualdad no se inicia como muchos piensan con la crisis, sino que se remonta dos décadas atrás en el tiempo y no ha hecho más que agudizarse.

En las últimas tres décadas, la desigualdad no se ha reducido prácticamente en ninguna de las economías avanzadas de la OCDE

Laurence Boone (OCDE)

Boone destacó además que en los países de la OCDE no solo existe una clara desigualdad en términos de ingresos, sino también en las oportunidades de las clases bajas y medias de progresar.

Esa disparidad de oportunidades se explica por los distintos niveles de acceso a la sanidad, a la vivienda o a la educación. Por ejemplo, los precios de la vivienda para las clases medias de los países de la OCDE han crecido el doble de rápido que sus ingresos, y eso ha obligado a muchas personas a mudarse fuera de los centros de las ciudades, y a resultar menos competitivas laboralmente por tener que llevar a cabo mayores desplazamientos.

Laurence Boone

Sobre cuáles han sido las claves de la actual desigualdad, la economista jefe de la OCDE se refirió en primer lugar a la ralentización del crecimiento económico, que, naturalmente, permite redistribuir menos; en segundo, a las dificultades para acceder al mercado laboral de los más jóvenes; y, en tercero, a la proliferación del empleo temporal, normalmente asociado a las capas de la sociedad menos formadas y que provoca que muchas personas accedan al mercado laboral de forma intermitente, y que les cueste mucho más construir una verdadera carrera.

Boone quiso referirse también a la participación de la gente mayor y de las mujeres en el mercado laboral. La primera resulta imprescindible si pensamos sobre todo en la demografía del futuro, en que se calcula que el 50% de los niños nacidos en 2007 vivirán más de 100 años, y en que por lo tanto vamos a tener que replantear el trabajo porque no va a ser sostenible recibir una pensión durante cuatro décadas. Respecto a las mujeres, es imprescindible que puedan conciliar más y mejor.

La digitalización está afectando más a la empleabilidad de las clases medias que a la de los profesionales menos cualificados

Referida a cómo está afectando a la desigualdad la digitalización de la economía, la ponente apuntó que esta está siendo más severa para las clases medias que para las más bajas, porque trabajos de baja cualificación como el cuidado de personas, los servicios o el turismo todavía no pueden reemplazarse.

En cualquier caso, los roles menos afectados por la digitalización son los más creativos o analíticos, en un contexto en que el 40% de los trabajos actuales desaparecerán en los próximos 20 años, y un 30% de los restantes cambiarán de forma dramática.

Realizado este apunte en clave digital, Boone destacó además que la competición fiscal entre países para ser más competitivos en plena globalización afecta también a la desigualdad, porque brinda importantes exenciones a grandes compañías que acaban pagando menos impuestos.

El gasto público sigue destinándose, sobre todo, a la sanidad y las pensiones, y en cambio invierte poco en reducir la desigualdad a través de la educación o de la reinserción laboral

Laurence Boone (OCDE)

En materia de gasto público, la OCDE ha constatado además que no está invirtiéndose para reducir la desigualdad, porque las principales partidas siguen siendo la sanidad y las pensiones, en contraste con lo poco que sigue destinándose, por ejemplo, a la educación o a la reinserción laboral.

¿Qué regulaciones pueden contribuir más a reducir la desigualdad?

Laurence Boone dedicó el tramo final de su intervención a resumir qué medidas regulatorias pueden contribuir más a reducir la desigualdad, que repartió en tres grupos: las orientadas a que las empresas sean más competitivas a nivel global y puedan contratar más; las enfocadas a brindar más formación a la población para mejorar su acceso al mercado laboral; y las centradas precisamente en mejorar el funcionamiento de ese mercado de trabajo.

En paralelo, la ponente consideró importantísimo legislar para que los países cuenten con un acceso a Internet lo más rápido posible; para reducir trabas administrativas a la hora, por ejemplo, de crear una empresa; para que la educación se adapte a las necesidades de las empresas; para lograr una movilidad laboral realmente efectiva, a imagen y semejanza de la de los países nórdicos, en que cuando alguien sale del mercado laboral se le recicla y reincorpora al mismo inmediatamente; y para mejorar el acceso a la sanidad y distribuir mejor el gasto social.

El shock en las rentas disponibles de las clases bajas y medias en España no tiene precedentes desde 1973

En el coloquio de cierre de la sesión, su primera ponente, Olga Cantó, profesora titular de economía de la Universidad de Alcalá, consideró que el hecho de que España sea hoy el quinto país más desigual de Europa se debe a una combinación de factores coyunturales y a otros de tipo estructural.

Olga Cantó

Entre estos últimos, cabe destacar un mercado laboral disfuncional, que hasta en el mejor momento del ciclo económico, en 2008, presentaba un paro del 8%, o la debilidad de nuestras políticas públicas monetarias, con un enfoque muy contributivo y en que resulta urgente aumentar la capacidad de las rentas mínimas de las comunidades autónomas para apoyar a ese 10 o 20% de la población en una situación de emergencia de renta. Cantó apuntó asimismo que en nuestro país las políticas familiares prácticamente no existen, porque, aunque las que hay son en efecto muy progresivas, su tamaño es ínfimo y suelen tener además una duración muy corta.

Desde la crisis, en España se ha incrementado la pobreza crónica y la privación material. Hoy, más de un tercio de la población tiene dificultades para llegar a final mes, y el ascensor social en España se está ralentizando

Olga Cantó (Universidad de Alcalá)

Sobre qué ha ocurrido desde la recesión en nuestro país, la ponente afirmó que el shock en las rentas disponibles entre 2010 y 2014 ha desplazado a las rentas medias y bajas hacia abajo a unos niveles inéditos desde 1973, y se mostró además poco optimista sobre que estas desigualdades vayan a corregirse en el corto y medio plazo, entre otros factores por nuestra educación, en que ciudades como Madrid o Barcelona presentan algunos de los mayores niveles de segregación escolar de toda Europa.

No existe una correlación directa entre desigualdad y populismo

A continuación habló José García-Montalvo, profesor de economía de la Universidad Pompeu Fabra y research professor de BarcelonaGSE, quien se mostró crítico con las referencias genéricas a la desigualdad cuando en realidad en la actualidad convergen muchos tipos de desigualdades, y España no clasifica mal en todas.

En Europa, por ejemplo, la desigualdad se redujo exponencialmente en las décadas de 1920 y 1930, y aumentó poquísimo durante la crisis económica. Lo que ha ocurrido es que nos hemos imbuido del American dream y de la aspiración de vivir mejor que nuestros padres, que en realidad en Europa nunca ha sido un dogma.

José García-Montalvo

En el caso concreto de España, la desigualdad salarial ha aumentado, pero sobre todo por el aumento exponencial del trabajo temporal. Y también ha crecido la desigualdad en términos de renta familiar bruta, pero no porque unos ganen más que otros, sino por la lacra del desempleo. En contraste, la desigualdad en términos de riqueza en España se encuentra entre las más bajas del mundo, sobre todo porque mucha gente es propietaria de una vivienda.

La desigualdad hoy en España es la misma que se produjo después de las crisis de 1985 o 1993, de modo que no puede ser la única causa de un auge del populismo que no se produjo en esas otras dos ocasiones

José García-Montalvo (Universidad Pompeu Fabra)

Respecto a la correlación entre desigualdad y populismo, García-Montalvo se mostró igualmente crítico. Según el ponente, países nada sospechosos de ser desiguales como Finlandia tienen también movimientos populistas, y además la desigualdad que vivimos hoy en España es idéntica a la que nos legaron las crisis de 1985 o de 1993, y en ninguna de esas ocasiones se dio un repunte del populismo en nuestro país. El problema no es la polarización entre ricos y pobres, sino la de tipo identitario.

Por último, García-Montalvo consideró que en España redistribuimos muy mal, porque la redistribución monetaria va a parar a las clases sociales equivocadas, y presagió que el futuro sí puede depararnos una grave desigualdad, porque la digitalización va a impactar de pleno en nuestro mercado laboral y va a obligarnos a garantizar unos recursos mínimos a las familias de los trabajadores en trance de reciclarse.

La peor desigualdad no es entre países, sino entre ciudadanos de un mismo país

El último ponente del debate, Marc Morgan Milá, investigador del World Inequality Lab, apuntó que, si analizamos la desigualdad entre países europeos, podemos distribuirlos en tres grupos: los muy ricos, con ingresos mensuales por habitante de 5.000 euros, como Noruega y Luxemburgo; los medianos, entre los que se encuentra España; y los muy pobres, un colectivo que abarca por ejemplo a cinco países que actualmente no forman parte de la Unión Europea pero que aspiran a hacerlo en los próximos años.

Marc Morgan-Milá

De este reparto emana que el objetivo del proyecto europeo consistente en la convergencia entre países no ha funcionado, y que, desde la crisis, el sesgo entre el norte y el sur de Europa ha aumentado.

El 90% de la actual desigualdad en Europa se explica por la que existe dentro de los países, no entre ellos

Marc Morgan Milá (World Inequality Lab)

Pero, para Morgan Milá, el verdadero problema actual no es tanto la desigualdad entre países, sino la existente dentro de cada uno, que consideró la responsable del 90% de las desigualdades de la Europa actual.

En este sentido, antes de impuestos y transferencias, los países de la Europa Occidental son los más desiguales, pero también son los que realizan una corrección más grande, de modo que los de Europa del Este son los que presentan una mayor desigualdad de la demarcación.

El ponente resaltó además que en Europa se producen grandes transferencias de capital Este-Oeste por las compañías occidentales que compraron antiguas empresas estatales del lado oriental, y que nuestro continente presenta además una desigualdad geográfica muy superior a la de Estados Unidos por no ser un sistema federal.

Constatada esa mayor gravedad de la desigualdad dentro de los países, Morgan Milá abogó en el tramo final de su intervención por reorientar las políticas europeas y optar, por un lado, por una fiscalidad más progresiva, y, por otro, por actuar sobre el gasto y llevar a cabo mayores inversiones en servicios públicos o infraestructuras. El ponente también apuntó que la actual obsesión por reducir los déficits públicos reduce la capacidad de ahorro de empresas y hogares, y que eso resulta especialmente desaconsejable en un momento como el actual, en que la economía europea afronta retos sustanciales.

Por un nuevo contrato social europeo

Distribución de la renta y desigualdad: la situación tras la Gran Recesión

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