
El Cercle d’Economia, junto con CIDOB, ofrece cada mes un análisis breve de la situación geopolítica global.

Venezuela y Groenlandia: performatividad extrema y continuidad estratégica. Pasado un mes tras la operación para capturar a Maduro en Venezuela y algunas semanas de la amenaza de invasión de Groenlandia, el río revuelto vuelve a su calma. En Venezuela no ha habido un cambio de régimen, sino que se promueve la conllevancia con el chavismo, liderado ahora por Delcy Rodríguez y con la oposición fuera de juego, a cambio de una mentalidad extractivista en las nuevas relaciones con Washington. No es el escenario preferido para Marco Rubio, que quisiera ver colmadas las expectativas de la oposición venezolana (y cubana) para terminar con el chavismo, el castrismo y el bolivarianismo socialista en la región. Rubio confía en un plan en tres fases: primero, estabilizar los flujos de petróleo; segundo, crear condiciones para la reconciliación política, incluida la amnistía y el regreso de los opositores exiliados; y tercero, una transición democrática. Trump y Vance, en cambio, parecen haberse decantado por la continuidad del régimen a cambio de la consecución del primer objetivo: el acceso a los recursos naturales bajo la premisa de reforzar la seguridad nacional estadounidense, que también pasa por limitar el peso de China y Rusia en el hemisferio occidental. Por el momento, la agenda transformadora para Venezuela no está ni se la espera.
En Groenlandia, las amenazas de invasión han dejado paso a una estrategia de control de la isla que podría pasar por un acuerdo con Dinamarca, con el beneplácito de la OTAN, para la explotación de sus recursos y la presencia de más bases americanas. También por algo parecido a un acuerdo de libre asociación, en cualquier caso, bajando la probabilidad de ocupación de la isla por la fuerza. Todo puede haber sido un movimiento de distracción de Trump para disimular sus problemas domésticos (Epstein, ICE en Minnesota, pérdida de popularidad, fracturas en el campo republicano en vistas a las midterm o malas cifras económicas) o resultado del cambio de rumbo europeo (con amenazas de activar el mecanismo anti-coerción, revisar el acuerdo comercial y aumentar presencia de tropas europeas en Groenlandia).
El trasfondo de ambas operaciones parece validar las premisas de la Estrategia de Seguridad Nacional (fuerte presencia en el hemisferio occidental, animadversión frente a Europa), pero también los contenidos de la Estrategia de Defensa Nacional, más cauta en las ambiciones militares de la Casa Blanca. Esta segunda estrategia valida los objetivos estratégicos hacia el hemisferio occidental y la necesidad de que Europa tome en mano sus responsabilidades de defensa, pero también aleja la división de un mundo regido por esferas de influencia. Que Estados Unidos quiera hacerse fuerte en su propio hemisferio no significa que vaya a dejar consolidar la presencia de China en Asia. De hecho, la Estrategia de Defensa deja clara la voluntad de Estados Unidos de mantener su presencia en el Indopacífico, proyectándose como una potencia militar en la región a favor de sus intereses nacionales.

Irán, ¿nuevo frente para Estados Unidos? La estabilidad del régimen iraní se encuentra en sus peores momentos. Tras la debilitación del llamado "eje de la resistencia" con las operaciones de Israel en Gaza (debilitando a Hamás), en el Líbano (Hezbollah) y en Yemen (hutíes), las protestas internas duramente reprimidas por el régimen evocan a una situación de crisis sin precedentes. Esto puede llevar a un aumento de la represión interna y la bunquerización del régimen, pero también a la voluntad de Estados Unidos de intervenir para derrocarlo, en línea con las ambiciones de Israel para la región. Estados Unidos e Irán han retomado conversaciones para limitar el programa nuclear iraní, pero si fracasan podrían convertirse en la antesala que derive en la acción militar de Washington.
En caso de intervención, Irán ha prometido escalar el conflicto a nivel regional, con posibles ataques a fuerzas estadounidenses en Siria, Iraq, Qatar o Bahréin. También activar el eje de resistencia frente a Israel y la disrupción del comercio en el estrecho de Ormuz, con las consiguientes derivadas en materia de subida de los precios del petróleo, algo que preocupa a Trump de cara a las midterm. La Unión Europea ha designado a la Guardia Revolucionaria de Irán como organización terrorista, con nuevas sanciones impuestas a sus miembros. No cabe descartar tampoco el desmoronamiento del régimen. Las protestas son las más importantes acaecidas en los últimos tiempos. Son transversales temática y geográficamente, y han alcanzado 512 lugares, en 203 ciudades de las 31 provincias del país, con cifras estimadas de entre 5.000 y 17.000 muertos y más de 50.000 detenciones.
La Junta de Paz, ¿herramienta para Gaza o reemplazo de las Naciones Unidas? En su afán de protagonismo y de arquitecto de unas nuevas relaciones internacionales, el Board of Peace de Trump refleja la mercantilización del multilateralismo. El gobierno estadounidense ha justificado la creación de dicho organismo como la necesidad de contar con una organización internacional ágil y eficiente que garantice una paz duradera y se aleje de las opiniones e instituciones ineficaces del sistema de Naciones Unidas, de las que Trump va retirándose progresivamente (la última, la Organización Mundial de la Salud). El Board of Peace fue respaldado por el Consejo de Seguridad de la ONU y su mandato expira en noviembre de 2027. Trump propone ampliarlo para convertirlo en un organismo permanente que se ocupe de una gama amplia de conflictos, más allá de Gaza.
El borrador de los estatutos de la junta describe una organización internacional con la autoridad para “promover la estabilidad, restablecer un gobierno confiable y legítimo, y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos”. Trump presidiría la Junta de Paz y representaría a Estados Unidos, supervisando a un grupo de países que él mismo nominaría para mandatos de tres años. Al menos 60 países han recibido una invitación para unirse. De entre los países europeos, a la espera de una coordinación de la respuesta por parte de la UE, Francia, Suecia e Italia han declinado la invitación (junto con Noruega).
Como presidente, Trump puede ejercer un poder de veto sin restricciones en toda la organización y cualquier miembro puede comprar su puesto permanente a cambio de mil millones de dólares, en un claro ejercicio de mercantilización de esta iniciativa con afán de lucro. La junta ejecutiva del Board of Peace (elegida por Trump) implementaría las decisiones tomadas por los estados miembros. Las juntas específicas para cada país se ubican por debajo de esta estructura y, por ahora, incluyen al Comité Nacional para la Administración de Gaza.
Fin de la supervisión y el control del armamento nuclear de Estados Unidos y Rusia. El 5 de febrero expiró el Tratado New START entre Estados Unidos y Rusia, cuyo objetivo era limitar mutuamente los respectivos arsenales nucleares. Ambos países dejan de estar obligados a poner un tope a sus arsenales nucleares estratégicos, lo que reaviva el riesgo de un rearme. Será la primera vez desde 1972 que ambos países, que poseen aproximadamente el 90 % de las armas de destrucción masiva del mundo, no estarán legalmente obligados a restringir sus arsenales. El Tratado New START fue firmado en 2010 como un acuerdo de reducción de armas nucleares y limitaba los arsenales nucleares de ambas potencias a 1.550 ojivas nucleares estratégicas y 800 misiles. También incluía sistemas de intercambio de información y un sistema recíproco de inspecciones de las instalaciones nucleares. El acuerdo fue renovado en 2021, pero en 2023 Rusia suspendió el sistema de intercambio de información y las inspecciones estadounidenses tras la guerra en Ucrania, aunque se comprometió a respetar el límite de capacidades establecido. Mientras que Rusia ha prometido actuar de manera responsable salvo que se sienta amenazada, Estados Unidos no se compromete a mantener el acuerdo durante otro año. La administración de Trump preferiría impulsar un acuerdo trilateral de control de armas con China, pero ésta argumenta que sus arsenales son mucho menores (600 cabezas nucleares frente a las 5.200 de Estados Unidos y las 5.500 de Rusia), por lo que no puede tratarse su desarrollo nuclear bajo el mismo marco.
El riesgo de uso de armas nucleares se encuentra en su nivel más alto en décadas. Además de las amenazas nucleares rusas en Ucrania y Europa, en Asia Meridional, el conflicto entre India y Pakistán estuvo acompañado de tensiones nucleares y campañas de desinformación. Israel y Estados Unidos lanzaron ataques aéreos contra instalaciones nucleares iraníes sospechosas de poder desarrollar armas nucleares. Corea del Norte sigue reforzando su programa nuclear. Y países que se encontraban bajo el amparo del paraguas nuclear norteamericano, como Japón o Corea del Sur, se plantean desarrollar sendos programas nucleares ante la falta de garantías de seguridad por parte de la Casa Blanca de Trump. Europa también se plantea si es posible extender el paraguas nuclear francés al resto de Europa, en caso de ausencia del norteamericano. Todas las potencias nucleares han incrementado recientemente sus arsenales nucleares.
Doomsday Clock. Como consecuencia, el Reloj del Apocalipsis, que estima la probabilidad de una catástrofe global causada por el ser humano tomando como referencia el tiempo restante hasta medianoche, se situó a 85 segundos para la medianoche el 27 de enero de 2026, el punto más cercano en la historia del reloj.
A cargo de Pol Morillas, director del CIDOB y miembro de la Junta Directiva del Cercle d'Economia