Debate sobre cómo las preferencias ciudadanas condicionan las instituciones en la presentación del libro “La culpa es nuestra”

"Las instituciones no fallan solo por culpa de los políticos o de las élites: a menudo fallan porque reflejan nuestras propias preferencias como ciudadanos, votantes y consumidores". Esta es la tesis central del libro La culpa es nuestra. Cómo las preferencias ciudadanas frenan las reformas en España, del catedrático de Organización de Empresas de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) Benito Arruñada.

En torno al libro tuvo lugar un debate organizado por el Cercle d’Economia en colaboración con el Club Tocqueville, que contó con la participación del autor del libro; Pau Guardans, empresario y vicepresidente del Cercle; Laura Urquizu, presidenta y CEO de Red Points y miembro de la Junta Directiva del Cercle; y Joaquín Güell, empresario, moderados por Aleix Mercader, periodista de El Economista.

Los ponentes debatieron sobre cómo las preferencias ciudadanas -estatismo económico, rechazo a impuestos, aversión a la competencia- se traducen en políticas públicas que generan resultados subóptimos en comparación con otros países europeos. Arruñada destacó la necesidad de mayor transparencia fiscal, proponiendo eliminar las retenciones automáticas y mostrar el coste real de los servicios públicos, como las facturas hospitalarias, para educar a los ciudadanos sobre el verdadero coste de sus decisiones colectivas. Guardans, por su parte, defendió que el problema empieza en las élites, que han abandonado su función pedagógica, mientras Arruñada insistió en que la raíz está en las preferencias defectuosas de los ciudadanos. Urquizu aseguró que la irrupción de la tecnología lo acelero todo y nos lleva a una complejidad creciente. También apuntó que el entretenimiento contagia la política, con líderes que comunican como entertainers, favoreciendo el auge del populismo.

El debate abordó también desafíos concretos como vivienda, pensiones y fragmentación política, y se situó en un contexto global: España comparte con Alemania, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y otros países democráticos problemas como la polarización, el descenso de natalidad, las pirámides demográficas invertidas y la irrupción de la IA generativa, sin respuestas efectivas hasta ahora.

El encuentro concluyó subrayando que la responsabilidad del deterioro político es compartida y que la mejora requiere un compromiso ciudadano informado, consciente y activo, para que las políticas reflejen decisiones más racionales y sostenibles.