Las perspectivas económicas y geopolíticas para 2026 centran la primera sesión de Actualidad en Cercle del año

El Cercle d’Economia ha celebrado la sesión de apertura del año del ciclo Actualidad en Cercle, que por tercer año consecutivo se ha dedicado a analizar las perspectivas económicas y geopolíticas para 2026, en un contexto global marcado por una creciente incertidumbre, volatilidad y reorganización de las relaciones internacionales.

El acto, de una hora de duración y seguido de un desayuno-networking, contó con la participación de Oriol Aspachs, director de Economía Española en CaixaBank Research y secretario técnico del Cercle d’Economia, y de Pol Morillas, director del CIDOB y miembro de la Junta Directiva del Cercle. La sesión ofreció herramientas para interpretar la actualidad en un escenario fuertemente condicionado por una política exterior estadounidense que rompe con el orden establecido y que sitúa 2026 como un año aún más incierto y volátil.

Una ordenación global basada en el poder, no en las normas
Pol Morillas situó el debate en una nueva “ordenación global basada en la multipolaridad creciente”, en la que Estados Unidos “ya no quiere ser el policía mundial” ni sostener un sistema multilateral que consideran poco funcional. Según explicó, Washington diferencia entre “los fuertes, con quienes negocia” —China y Rusia— y “los débiles, sobre los que ejerce poder”, como América Latina o partes de Europa.

En este nuevo escenario, “los intereses nacionales estructuran las relaciones internacionales, no las normas compartidas”, y no existen “mecanismos coercitivos suficientes para cambiar esta dinámica de violencia sin consecuencias”. Algunos países, como India o la Unión Europea, intentan adaptarse “diversificando alianzas”, mientras que otros resisten a través de la movilización social.

Pol Morillas, director del CIDOB y miembro de la Junta Directiva del Cercle

La paz se ha privatizado y mercantilizado
Morillas destacó que la paz “ya no se basa en la Carta de las Naciones Unidas”, sino en la “capacidad de explotación de recursos naturales”. En este sentido, recordó que los acuerdos de paz impulsados por Trump incorporan “cláusulas claras de explotación económica”, como ocurre con Nigeria, Ucrania y las tierras raras, o Gaza y los proyectos de expansión inmobiliaria.

En el caso de Venezuela, la intervención estadounidense se justifica en nombre de la “seguridad nacional” para impedir el acceso de China y Rusia al petróleo del país. En Groenlandia, la retórica también gira en torno a la seguridad, su posición geoestratégica, las futuras rutas comerciales del Ártico y el acceso a “recursos clave como las tierras raras”.

Globofricción: tensión entre geopolítica y economía
Desde el ámbito económico, Oriol Aspachs definió el momento actual como un escenario de “globofricción”, es decir, una “tensión permanente entre la reorganización geopolítica y la batalla por el liderazgo económico global”. Si 2025 fue el año en que Estados Unidos utilizó los aranceles como herramienta principal, 2026 podría incorporar “nuevos mecanismos de coerción”.

Aspachs señaló que, aunque el impacto a corto plazo de los aranceles ha sido “relativamente limitado”, “históricamente sus efectos han sido muy significativos en perspectiva”.

Estados Unidos, China y Europa: fortalezas y fragilidades
Sobre Estados Unidos, Aspachs destacó un “dinamismo superior al esperado”, con un inicio de 2025 con crecimientos cercanos al 2% que terminaron situándose por encima del 3%. Sin embargo, este crecimiento convive con “fragilidades sustanciales”: un consumo que prácticamente no ha crecido, un déficit sostenido por encima del 5% y una deuda pública que ya supera el 120% del PIB.

China muestra una “aceleración gradual”, con crecimientos cercanos al 4% y una buena resistencia del sector exterior, pero oculta “fragilidades profundas”, como una demanda interna muy débil y un sector inmobiliario “en crisis prolongada, aún sin tocar fondo”.

Europa, por su parte, presenta una “resistencia modesta”, con crecimientos alrededor del 1%. Francia enfrenta una “crisis política con finanzas públicas delicadas”, mientras que Alemania impulsa un ambicioso plan de inversiones que “ha costado mucho empezar a implementar”. El debate central, según Aspachs, es “la calidad del gasto”.

Oriol Aspachs, director de Economía Española en CaixaBank Research y secretario técnico del Cercle d’Economia

Economía española: “dinamismo sin mucho matiz”
En contraste, Aspachs calificó el caso español como el de una economía con “un dinamismo claro”, con crecimientos cercanos al 3% en 2025, por encima de las previsiones iniciales. “Los indicadores no aflojan” y la creación de empleo “se ha acelerado en el tramo final de 2025”.

Este crecimiento se fundamenta en una buena situación financiera del sector privado, en el relevo de la inversión empresarial y en el impacto final de los fondos europeos. Aun así, persisten “puntos de debilidad relevantes”, como el déficit de vivienda —que sigue aumentando— y una productividad que “crece en volumen, pero no en calidad”.

Dependencias, resiliencia y futuro europeo
En el turno de preguntas, Aspachs afirmó que “el papel preponderante del dólar no está hoy en cuestión”, ya que “no hay alternativa real” y la economía estadounidense sigue marcando la frontera tecnológica.

Morillas insistió en que la “racionalidad de Trump” no implica ni un juicio de valor positivo ni garantiza el éxito, especialmente en un contexto en el que Estados Unidos “rompe alianzas tradicionales” y debilita los checks and balances internos. Europa, alertó, se encuentra en una posición especialmente compleja en un mundo donde “estamos deshaciendo la globalización de la seguridad, de las ideas y de las instituciones”.

La sesión concluyó con una reflexión compartida sobre la necesidad de reforzar la resiliencia —económica, social e institucional— y de dotar a Europa de capacidades estratégicas propias.