Lecturas en Círculo 16/26

Gesticulaciones

Washington recibió a Xi Jinping con tres días de gesticulaciones y sin ningún avance de fondo. Zolan Kanno-Youngs y David E. Sanger (The New York Times) detallan cómo la cumbre dejó poco más que gestos simbólicos y ningún anuncio concreto sobre inteligencia artificial, Taiwán o la guerra de Irán, más allá de una prórroga de solo dos meses a la tregua comercial vigente. Richard Haass (Substack) resume el encuentro a partir de un detalle simbólico: ¿Por qué Trump recibió a Xi en la base aérea de Andrews, en lugar de hacerlo en la Casa Blanca?

Stephen S. Roach (Project Syndicate) califica la visita de "proyecto de vanidad" de Trump, más interesado en impresionar a Xi que en negociar nada de fondo. El editorial del New York Times añade la dimensión más preocupante: en ámbitos donde los dos países tienen intereses compartidos (la seguridad de la IA, el cambio climático, las rutas marítimas en Oriente Medio), la falta de liderazgo de Trump sale cara no solo a los Estados Unidos, sino al mundo entero. Mientras tanto, Pekín continúa jugando a largo plazo con inversiones millonarias en infraestructuras por todo el mundo (The Economist).

Mientras tanto, Trump recuerda que va por libre. El Pentágono ha excluido a algunos de los socios europeos de un encuentro clave sobre el futuro de la OTAN, lo que alimenta las dudas sobre si Washington prioriza ahora a los aliados "buenos" por encima de una alianza unida, según McLeary, Bolzen y Detsch (POLITICO). Pero, mientras los aliados occidentales se distraen con sus propias disputas internas, Putin aprovecha el espacio. Anna Husarska (Project Syndicate) advierte que el Kremlin pone a prueba a la OTAN directamente en las fronteras de Ucrania. The Economist añade una dimensión aún más inquietante: Putin ha lanzado una campaña de terror contra la población civil de Kiev con el objetivo de desmoralizar y vaciar la capital antes del invierno, lo que añade una nueva capa de crueldad al conflicto.

Ante este contexto de fractura y pruebas de fuerza, crece la pregunta sobre quién puede plantar cara a los grandes poderes. Nicholas Kristof (The New York Times) defiende que, a pesar de su burocracia exasperante y su creciente irrelevancia ante las grandes potencias, la ONU continúa siendo indispensable por el trabajo humanitario que hace sobre el terreno, y su debilitamiento actual —impulsado por los propios Estados Unidos— solo alargará la sombra de los conflictos que debería ayudar a resolver. El entendimiento global se hace imprescindible ante la constatación de Sophie Eisentraut (Project Syndicate) de que el llamamiento a que las potencias medianas construyan juntas un orden internacional más justo está quedando reducido, en la práctica, a alianzas pragmáticas y puntuales para protegerse de los grandes poderes. Una fragmentación que corre el riesgo de perpetuar precisamente la lógica de suma cero que se quería superar. Ante esta parálisis, Mark Carney y Emmanuel Macron han elegido otro camino: gesticular plantando cara directamente a Trump, tal y como explica Jamie Dettmer (POLITICO).

Esta misma lógica de suma cero se incuba también dentro de casa. The Economist la detecta en la negociación del presupuesto plurianual de la UE en un contexto de incertidumbre. Y todo esto llega en un momento delicado: según Gabriel Gavin y Frida Preuß (POLITICO), Bruselas ya se prepara para una eventual caída de Friedrich Merz y observa con inquietud el ascenso de Le Pen, justo cuando la UE más necesita capacidad de decisión para redefinir su papel en el mundo por encima de gesticulaciones.

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