
ILos Estados Unidos celebran su 250 aniversario. The Economist defiende que el país sigue siendo una potencia extraordinariamente poderosa gracias a su dinamismo, a pesar de la polarización interna y el cuestionamiento de su papel internacional. La fortaleza de Estados Unidos convive con una pérdida progresiva de su hegemonía relativa ante el ascenso de otros actores, especialmente China, explica la revista. Esto se debe, a ojos de Joseph E. Stiglitz (Project Syndicate), a que Trump está sustituyendo el capitalismo basado en reglas por un sistema de favoritismos, corrupción y arbitrariedad que debilita la democracia y perjudica el crecimiento económico. Sobre este punto, señala Steven N. Durlauf (New York Times), a pesar de los buenos datos de empleo, las políticas de Trump están deteriorando los fundamentos del crecimiento a largo plazo al debilitar la inversión, la educación, la ciencia y la capacidad de atraer talento en un mundo globalizado.
Internamente, los Estados Unidos no parecen vivir su mejor momento. Cass Sunstein y Philip Hamburger (New York Times) explican cómo la decisión del Tribunal Supremo de ampliar el poder presidencial sobre las agencias independientes refuerza el control político de la Casa Blanca, pero también incrementa el riesgo de politización, arbitrariedad y corrupción institucional. En esta misma línea, Josh Gerstein (POLITICO) sostiene que el propio Tribunal Supremo está reforzando su propio poder al dotar a los tribunales federales de mayor capacidad para hacer cumplir sus decisiones. A pesar de esta deriva favorable a la expansión del poder ejecutivo, el comité editorial del New York Times destaca que el tribunal ha mantenido uno de los principales contrapesos constitucionales al preservar el derecho a la ciudadanía por nacimiento, rechazando el intento de Trump de restringirlo por decreto.
El debate sobre el alcance del poder acaba trasladándose también a la idea misma de estados Unidos en su 250 aniversario. Anne Applebaum (The Atlantic) sostiene que Trump y Vance están sustituyendo los ideales universales que han definido históricamente el país por una visión identitaria y excluyente que pone al Estado al servicio de intereses privados. Un ejemplo, explica Jason Horowitz (New York Times), es que Trump ha obtenido un nivel de enriquecimiento sin precedentes para un líder de una democracia liberal mientras ejerce la presidencia. En concreto, según Emily Davies (New York Times), más de 2.200 millones de dólares ganados por Trump durante su primer año de mandato, su base electoral prácticamente no lo cuestiona e interpreta esta fortuna como una muestra de su éxito empresarial más que como un conflicto de intereses.
También en el ámbito internacional, el papel de Estados Unidos parece cada vez más cuestionado. Timothy Snyder (Project Syndicate) lo ejemplifica en el acuerdo de Trump con Irán, que ve no como una victoria sino como una capitulación estratégica, reflejo de una política exterior guiada por la improvisación y los intereses personales. En esta misma línea, Alexander Burns (POLITICO) considera que Trump ha infravalorado la fuerza del patriotismo en otros países, lo que ha limitado el éxito de su política exterior y ha erosionado su influencia internacional.
En este contexto, los embajadores de Estados Unidos ante la Unión Europea y Bélgica, Andrew Puzder y Bill White, defienden en un artículo a POLITICO en el contexto del 250 aniversario de que la alianza transatlántica sigue siendo el principal activo político de Occidente y reivindican los valores compartidos entre Europa y los Estados Unidos, a pesar del desprecio constante de Trump.
Cuando nos acercamos a la mitad del segundo mandato, David Wallace-Wells (New York Times) apunta que la aparente hegemonía cultural del trumpismo ya muestra signos de agotamiento. Aunque, según The Economist, el mal podría estar hecho pues la revolución política impulsada por Trump continúa erosionando los consensos institucionales e internacionales que han sustentado el liderazgo de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Por ello, Bret Stephens (New York Times) defiende que la mejor manera de celebrar esta efeméride es recuperar una cultura política basada en la moderación, el respeto institucional, la apertura y la libertad.
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