Las claves geopolíticas del mes. Mayo 2026

Trump alone

El Cercle d’Economia, junto con CIDOB, ofrece cada mes un análisis breve de la situación geopolítica global.

Las claves geopolíticas del mes. Mayo 2026

Trump alone

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Sin estrategia en Oriente Medio. El desacople entre las negociaciones de Trump con Irán y las derivadas geoeconómicas del conflicto va en aumento. El presidente norteamericano insiste en que los canales de comunicación para salvaguardar la tregua siguen abiertos, y esto en parte incide en la buena marcha de los mercados, pero el bloqueo del estrecho de Ormuz -el verdadero objetivo geoeconómico en la guerra- no cesa. Las derivadas geoeconómicas se explican porque Irán ha descubierto el punto de estrangulamiento (chokepoint) que le permite una posición maximalista en las negociaciones sobre el programa nuclear, mientras que Trump ha fracasado incluso en alinear a sus aliados regionales.

Los países del Golfo, con Arabia Saudí a la cabeza, rechazaron dar apoyo al Proyecto Libertad, que tenía por objetivo escoltar a los buques petroleros que se encuentran bloqueados en el estrecho. Riyad negó el uso de su territorio a los aviones norteamericanos para el despliegue de la operación, argumentando que estaba mal planeada y era contraproducente para el avance de las negociaciones mediadas por Pakistán. Oman también denunció que Estados Unidos no se hubiese coordinado con sus aliados regionales, y sólo Emiratos Árabes Unidos parece acercarse a Estados Unidos con su salida de la OPEC, algo que debe leerse más bien en clave de rivalidad regional con Arabia Saudí por las desavenencias sobre los topes a la producción para mantener los precios altos, en vez de aumentar la capacidad exportadora.

Trump dio marcha atrás en el Proyecto Libertad solamente 36 horas después de ser anunciado, contradiciendo las declaraciones de su secretario de Estado, Marco Rubio, que poco antes había dado por finalizada la Operación Furia Épica para centrar todos los esfuerzos en esta nueva fase. Tras el anuncio de una nueva extensión de la tregua por 30 días para dar margen a las negociaciones mediadas por Pakistán, Arabia Saudí y Kuwait volvieron a permitir el uso de las bases norteamericanas y de su espacio aéreo. Mientras las dinámicas geopolíticas de la negociación siguen abiertas, la geoeconomía del estrecho de Ormuz sigue siendo determinante para las consecuencias globales del conflicto. Irán tiene margen para seguir condicionando la situación regional, pero también tiene incentivos para la negociación dado el impacto de la guerra en su economía y arcas públicas.

La cumbre entre Trump y Xi Jinping que se celebrará en Pequín los días 14 y 15 de mayo no abordará principalmente las cuestiones de seguridad global. Las relaciones entre ambas superpotencias están marcadas por la confrontación geoeconómica y comercial, con China restringiendo el acceso de Estados Unidos a tierras raras y Trump amenazando con medidas arancelarias y restricciones al acceso a la tecnología. Las guerras de Ucrania (con China actuando como ambiguo valedor de las ambiciones territoriales de Putin), Taiwán (isla hacia la que Trump podría disminuir el apoyo, a cambio de unas relaciones comerciales más justas con China), o Irán (que China aprovecha para que el foco de la política exterior norteamericana siga anclado en Oriente Medio en vez de en el Indo-Pacífico), serán los grandes temas ausentes de la reunión. Trump se está quedando solo también en la construcción de una sólida red de aliados para frenar las ambiciones de China, tras sus tensiones diplomáticas con India, Australia, Corea del sur o los europeos. 

Cuesta abajo hacia las midterm. Los continuos cambios de posición de Trump en la guerra tienen mucho que ver con sus derivadas domésticas. El Congreso se muestra inquieto por la Ley de Poderes de Guerra, que exige una votación después de que las tropas estadounidenses participen en combate durante más de 60 días. Trump argumenta que la tregua anula la necesidad de voto en el Congreso, pero los demócratas ven muy posible recuperar la mayoría en las midterm de noviembre como consecuencia de las derivadas de la guerra, y preparan ya el escenario de un nuevo impeachment. El 56% de los estadounidenses se opone a la intervención militar en Irán, y el 54% desaprueba la gestión del conflicto por parte del presidente Trump. Su aprobación se sitúa en tan solo el 36%. El apoyo está muy dividido según las líneas partidistas. Mientras que aproximadamente el 80% de los republicanos respaldan el ataque en Irán, el 86% de los demócratas y cerca del 60% de los independientes se oponen. El 42% de los republicanos afirma que sería menos probable que apoyen la operación si esta provoca bajas en Estados Unidos. El 81% de los estadounidenses afirma que los precios de la gasolina (con el precio del galón superando los 4$ en abril) están afectando negativamente su economía familiar. El 63% responsabiliza al presidente de estas subidas de precios, cifra que incluye a aproximadamente un tercio de los republicanos.

Los votantes se muestran cada vez más pesimistas respecto a la economía. Por primera vez desde 2010, los votantes confían más en los demócratas que en los republicanos para gestionar la economía, con un margen del 52% frente al 48%. La geografía económica, con los elevados precios de la gasolina, representa una mayor amenaza para los candidatos republicanos. El ciudadano promedio en un distrito de la Cámara de Representantes controlado por los republicanos recorre un 26% más de kilómetros que un ciudadano de los distritos demócratas, lo que hace que la base republicana sea particularmente vulnerable a la crisis del combustible. De cara a las midterm, los demócratas tienen 19 de 20 probabilidades de hacerse con el control de la Cámara de Representantes y un 47% de probabilidades de recuperar el Senado también. El divorcio dentro del movimiento MAGA por la guerra de Irán es ya una realidad. Las voces cercanas a Israel siguen defendiendo la necesidad de la guerra por el peligro que Irán representa para la seguridad nacional, pero destacados comentaristas como Tucker Carlson están haciendo campaña activa contra Trump en este frente. Los motivos, haber conducido al país a otra forever war, sus repercusiones económicas y el apoyo a Israel a costa del bolsillo de los estadounidenses.

Sin Orbán, aliado clave en Europa. El vicepresidente J. D. Vance viajó a Budapest pocos días antes de las elecciones para dar su caluroso apoyo a Viktor Orbán, el patriota en jefe europeo. Su derrota en las urnas fue sonada, consiguiendo el partido de Magyar dos tercios de los diputados, lo que permitirá acometer reformas constitucionales y desballestar progresivamente el control del estado húngaro por parte de Orbán. Estados Unidos pierde así un aliado clave para la resistencia patriótica en la UE, que además actuaba de puente con el Kremlin y boicoteaba decisiones como el 20º paquete de sanciones europeas a Rusia o el préstamo con eurobonos a Ucrania. El 91% de los votantes de Magyar quieren que cambie la relación de Hungría con la UE, y el nuevo primer ministro se muestra confiado en que se desbloqueen los fondos a Hungría, que incluyen 10.000 millones de euros para la recuperación de la Covid y 6.300 millones en fondos de cohesión.

Pese al optimismo generado por la derrota de Orbán, Bruselas se muestra cauta a la hora de desbloquear estos fondos inmediatamente, pendiente de las nuevas relaciones de Magyar con la UE. El nuevo líder húngaro sigue siendo un nacionalista escindido del partido de Orbán y que pone por delante la defensa de los intereses húngaros en política exterior. Magyar tendrá que mostrar también la voluntad de desprenderse del poder que el estado húngaro ha ido centralizando en torno al primer ministro, como consecuencia de las reformas de Orbán minando la independencia judicial, aumentando el control de los medios de comunicación o restringiendo las libertades de las minorías.     

Nuevos frentes para Bruselas en Bulgaria y Rumanía. El antiguo presidente Rumen Radev consiguió una abultada victoria en las elecciones de Bulgaria, complicando las relaciones de la UE con este país. Con unas posiciones cercanas al Kremlin, se teme una alianza con la Eslovaquia de Robert Fico, aunque la dependencia de ambos países de los fondos europeos hace prever una relación más dócil con Bruselas que la que mantuvo Orbán. Rumanía y Grecia desean que Bulgaria esté firmemente integrada en las estructuras euroatlánticas, especialmente por lo que se refiere a la seguridad en el Mar Negro y la estabilidad energética. Para Macedonia del Norte, el principal riesgo es el continuo bloqueo de su adhesión a la UE, lo que pone de manifiesto cómo las disputas bilaterales obstaculizan la ampliación de la Unión Europea. En Rumanía, el primer ministro de centroderecha Ilie Bolojan perdió la moción de censura que aglutinó a la oposición de izquierda con la extrema derecha rumana.

Retirada de tropas americanas en Europa. Estados Unidos mantiene unos 90.000 efectivos en territorio europeo, distribuidos en unas 50 bases. De esos efectivos, un 40% están estacionados en Alemania. Trump ha prometido retirar 5.000 soldados de Alemania, y dice estar dispuesto a reducir mucho más la presencia del ejército de Estados Unidos en Europa, dadas las reticencias del continente a apoyar la guerra de Irán. Esta reducción devolvería la presencia de tropas estadounidenses en Europa a los niveles previos a 2022, antes de la invasión rusa de Ucrania. Merz argumenta que la retirada de tropas de Alemania no tiene que ver con sus comentarios acerca de que Irán esté "humillando" a Estados Unidos en la guerra y de que Trump no tenga una estrategia de salida para el conflicto. Pero lo cierto es que, más allá de este episodio, dos desarrollos están marcando el futuro de la seguridad en Europa: el creciente despliegue del poder militar alemán (en 2035 pasará a tener unas fuerzas armadas con 260.000 efectivos, frente a los 185.000 actuales, lo que, sumado a los reservistas, acerca el total a medio millón, y un gasto total del 3,5% del PIB en 2029, superior al de Reino Unido y Francia juntos) y las crecientes demandas de mayor autonomía europea en seguridad y defensa, reforzando el pilar europeo de la OTAN.

A cargo de Pol Morillas, director del CIDOB y miembro de la Junta Directiva del Cercle d'Economia