
Donald Trump se encuentra en un auténtico callejón sin salida en el conflicto con Irán, tal y como apunta James K. Galbraith (Project Syndicate), con opciones limitadas y todas costosas, sea escalar el conflicto o negociar desde una posición debilitada. Sin embargo, ha intentado reforzar su capacidad de influencia global mediante herramientas como la International Development Finance Corporation, transformada en un instrumento financiero al servicio de su política exterior y de la competencia geopolítica (The Economist). A pesar de estos esfuerzos, no está obteniendo los resultados esperados y se muestra desconcertado ante la realidad del conflicto, como explica Scott Anderson (New York Times), especialmente por el impacto de nuevas formas de guerra como los drones, que han ninguneado el equilibrio de fuerzas y han reforzado la posición iraní.
De hecho, esta estrategia también le ha acabado debilitando en el ámbito internacional, tal y como advierte Brahma Chellaney (Project Syndicate), al erosionar la credibilidad de Estados Unidos con una diplomacia basada en relaciones personalistas y transaccionales. En paralelo, Ian Bremmer (Project Syndicate) alerta de que este desgaste puede tener efectos globales más amplios, debilitando la posición norteamericana y facilitando el ascenso de otras potencias como China en un contexto internacional cada vez más inestable.
En este contexto, la visita de Trump a Xi prevista para los días 14 y 15 de mayo puede ser crucial si, tal y como explica Oren Cass (New York Times), Trump se decanta por un gran acuerdo que incluya concesiones estratégicas que podrían reforzar Pekín. Para Jacob Dreyer (New York Times), es destacable que China vea ahora a EEUU como un actor en declive con quien puede competir en igualdad o incluso superioridad en determinados ámbitos. Todo ello, desemboca en una relación profundamente inestable con un equilibrio basado en la capacidad de coerción mutua y no en el liderazgo global compartido (The Economist).
Aunque en Oriente Medio los Estados Unidos no tienen una salida clara, en escenarios como Ucrania se ha producido una cierta adaptación estratégica, señala Ross Douthat (New York Times), consiguiendo, por ejemplo, que la Unión Europea se haga más responsable de su propia defensa. Algo que, según Claudia Major (New York Times), también se debe a la desconfianza de los europeos hacia el compromiso de Trump con el acuerdo transatlántico. Pero no es el único reto de la Unión Europea. Explican Aaron Pellish y Daniel Desrochers que Trump ha puesto un límite de dos meses para alcanzar un nuevo acuerdo comercial, mientras Daniel Gros pone el foco en cómo paliar la dependencia energética. Retos que habrá que resolver desde lo que The Economist define como el "gremio" europeo.
Mientras tanto, el panorama interno de Donald Trump está fuertemente condicionado por la actualidad judicial. Explica Ari Hawkins (POLITICO) que un tribunal comercial ha determinado que los aranceles impulsados por la administración Trump eran ilegales, al considerar que excedían las competencias del ejecutivo. En paralelo, Nikolas Bowie y Daphna Renan (New York Times) alertan de que el Tribunal Supremo está erosionando derechos fundamentales al debilitar la Voting Rights Act, y defienden que el Congreso debería reaccionar para recuperar protagonismo democrático ante la creciente supremacía judicial. En este contexto de tensión institucional, Thomas B. Edsall (New York Times) advierte que Trump podría intentar evitar o desvirtuar una derrota electoral en las midterms de noviembre utilizando amplios poderes ejecutivos, incluyendo medidas de emergencia poco transparentes y mecanismos legales como los "presidential emergency action documents”.
A la espera de lo que pase en Estados Unidos en noviembre, este fin de semana el Reino Unido vive unas elecciones municipales que pueden ser determinantes para el futuro político del primer ministro Keir Starmer. Sam Francis (POLITICO) ha preparado una guía para seguir las elecciones al detalle: recomienda fijarse en cambios de voto en zonas clave, en el auge de partidos menores y en la participación para detectar tendencias políticas de fondo, como la fragmentación del sistema o el castigo al partido en el poder. Pero ojo con el detalle que destaca Sophie Inge (POLTICO): el impacto que puede tener el acuerdo comercial de Starmer y Trump en unas elecciones que algunos consideran como unas midterms.
Todas estas piezas nos dibujan un mapa internacional muy imprevisible y marcado por el desconcierto. Un nuevo (des)orden mundial, que explica Mark Leonard (Project Syndicate), marcado por decisiones políticas irracionales y autodestructivas, poniendo como ejemplos los conflictos impulsados por líderes como Vladimir Putin, Benjamin Netanyahu o Donald Trump que gobiernan con lo que The Economist define como una lógica de "locura" gubernamental. David French (New York Times), entra en el detalle de la lógica de Trump que opera desde una visión profundamente transaccional del poder, asumiendo que todos los actores responden a incentivos materiales o personales, quedando desconcertado ante aquellos que actúan por convicciones ideológicas o religiosas en escenarios como Irán o Ucrania.
En este contexto desconcertante, Mariana Mazzucato y Lara Merling (Project Syndicate) reclaman la necesidad de un nuevo modelo económico en el que el Estado asuma un papel central en la respuesta a grandes retos globales, desde la crisis climática hasta la desigualdad, para evitar la tiranía del desconcierto.
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