El economista Branko Milanovic presenta en el Cercle por primera vez en Barcelona su nuevo libro sobre las tensiones del capitalismo global

El economista Branko Milanovic, uno de los principales especialistas mundiales en desigualdad, presentó por primera vez en Barcelona su nuevo libro, "The Great Global Transformation", en un acto en el Cercle d'Economia organizado en colaboración con el Institut Barcelona d'Estudis Internacionals (IBEI).

La presidenta del Cercle d'Economia, Teresa Garcia-Milà, y la directora del IBEI, Laura Chaqués Bonafont, dieron la bienvenida al acto, que fue moderado por el Resident Fellow del Georgetown Americas Institute (Georgetown University) y profesor visitante en el IBEI, Antoni Estevadeordal.

A lo largo de la conversación con la consejera de Derechos Sociales e Inclusión, Mònica Martínez Bravo, Milanovic advirtió que el mundo actual “vive las consecuencias del capitalismo neoliberal”, al analizar el impacto del crecimiento asiático, especialmente el de China, sobre las sociedades occidentales. Según Milanovic, el ascenso económico de los países asiáticos ha contribuido a elevar los ingresos globales y a reducir la pobreza a escala mundial, pero también ha generado nuevas tensiones sociales y políticas. “Por primera vez en dos siglos, la distribución global de la renta empieza a parecerse a una curva log-normal con un único centro”, explicó, en referencia a una progresiva convergencia entre regiones del mundo.

El economista insistió en que el mundo entra en una etapa de tensiones crecientes derivadas de lo que definió como el “Mandeville inverso”: un proceso por el cual un avance global positivo, como la reducción de las desigualdades entre países, puede acabar generando consecuencias políticas negativas. Según explicó, la convergencia de los ingresos entre Asia y Occidente está alterando el orden económico internacional y alimentando nuevos conflictos entre potencias.

Sin embargo, este proceso también ha tenido un reverso. Millones de ciudadanos de las clases medias y trabajadoras occidentales han visto cómo su posición relativa en el ranking global de ingresos empeoraba. “El crecimiento asiático ha hecho que algunos sectores de Europa y de Estados Unidos perciban que han sido superados”, afirmó. Esta sensación de pérdida, combinada con el estancamiento salarial en varios países europeos, ha alimentado “resentimiento, precariedad y turbulencia política interna”.

Uno de los ejemplos que citó fue Italia, donde el estancamiento económico de las últimas décadas ha tenido un impacto directo sobre la percepción del bienestar. Según Milanovic, las rentas más bajas italianas han perdido peso relativo dentro de la escala global a medida que avanzaba el crecimiento asiático. Esta situación, explicó, refuerza una sensación de vulnerabilidad entre las clases medias, que se sienten cada vez más cerca de la precariedad y más lejos de las élites económicas.

Milanovic subrayó que China ha pasado de representar cerca del 2% del PIB mundial al 20 %, un cambio histórico que redefine el equilibrio global de poder. Para el economista, esta transformación está provocando una nueva etapa de rivalidad entre Estados Unidos y China, marcada por una lógica “cada vez más de suma cero”.

A lo largo de la conversación, la consejera de Derechos Sociales e Inclusión, Mònica Martínez Bravo, defendió que este “mundo roto” no es inevitable si se impulsan políticas orientadas a la prosperidad compartida. Se puso el acento en la necesidad de nuevas herramientas para garantizar transparencia, empleo de calidad y una mejor distribución de los beneficios del crecimiento. Asimismo, destacó que tanto el Gobierno central como la Generalitat habían implementado medidas que suponían un cambio de paradigma, al situar en el centro la prosperidad compartida.

Milanovic, sin embargo, se mostró escéptico sobre la capacidad de los gobiernos para corregir estas dinámicas únicamente mediante impuestos redistributivos. Advirtió que el aumento del salario mínimo no era suficiente, dado que las grandes fortunas tienen una influencia creciente sobre las instituciones políticas, lo que dificulta reformas profundas. “Los multimillonarios que controlan la esfera política deberían pagar más impuestos, pero a menudo también controlan las reglas del juego”, concluyó.