
Los costes de la guerra de Trump
La estrategia de Trump está fallando. A pesar de la prolongación del alto el fuego tanto en Irán como en el Líbano de forma indefinida, lo explica Chris Cameron (New York Times), la situación sigue siendo altamente inestable. La guerra con Irán ha derivado hacia un estancamiento alrededor del estrecho de Ormuz, donde la confrontación ha pasado de la guerra abierta a una lucha de desgaste económico y militar sin horizonte claro de resolución, explica Anton Troianovski (New York Times). El conflicto pasa ahora a un sistema de "paz en la superficie y tensión en la profundidad" que Gideon Rachman (Financial Times) define como una "fog of peace", donde ni las treguas ni las negociaciones consiguen estabilizar realmente el conflicto, sino que conviven con episodios de escalada y contradicción permanente entre actores.
Parece evidente pues que la lógica de presión económica y bloqueos impulsada por la administración Trump, tal y como analiza Jennifer Kavanagh (New York Times), es incapaz de forzar capitulaciones rápidas, sino que genera conflictos largos. Una estrategia que, si sumamos la falta de recursos militares de Estados Unidos, que explican Eric Schmitt y Jonathan Swan (New York Times), podría tener un coste muy elevado para la Casa Blanca.
Por un lado, la relación transatlántica entra en una fase de redefinición profunda, marcada por la incertidumbre sobre el papel de los Estados Unidos. Steven Erlanger y Jeanna Smialek (New York Times) explican cómo Europa empieza a explorar alternativas propias de defensa. Un debate que, según Jacopo Barigazzi (POLITICO), se hace con extrema cautela para no acelerar aún más el distanciamiento con Washington.
Este giro no es sólo militar, sino también estratégico. Nadia Schadlow (Financial Times) defiende que existen diferencias estructurales entre Europa y EEUU en la manera de entender el riesgo, el uso de la fuerza y el papel de las instituciones internacionales, evidenciadas especialmente a raíz de la guerra con Irán. Europa ha acabado en una situación de dependencia económica de los EE. UU., en gran parte por decisiones propias (Economist). Algo que podría pasar también con China, ya que, tal y como explica Alan Beattie (Financial Times), la UE no está consiguiendo construir una estrategia industrial efectiva ni reducir la resistencia a la inversión china. Todo marcado en un escenario donde los europeos rechazan cada vez más el liderazgo de Donald Trump, como demuestran los datos del Observatorio de POLITICO y beBartlet.
El desgaste de Trump ha llegado también a la plana electoral. Clea Caulcutt y Nette Nöstlinger (POLITICO) afirman que el presidente es ahora un activo tóxico para los líderes europeos. Esta conclusión llega tras la derrota de Viktor Orbán, que según László Bruszt (Project Syndicate), cayó porque las mismas dinámicas internas de la "democracia ilegal" —concentración de poder y erosión institucional— acaban generando sus propias contradicciones y debilidades. En ella coincide Anne Applebaum (The Atlantic) que afirma que su derrota confirma que cualquier líder parecido puede ser derrotado. Alexander Burns (POLITICO) ve una receta clara: estrategias amplias, centradas en problemas reales y capaces de unir votantes diversos.
Las elecciones de medio mandato de este noviembre serán un momento trascendental para ver si esta receta funciona en Estados Unidos. El modelo predictivo de The Economist prevé una victoria demócrata en la Cámara de Representantes en el 98% de los escenarios posibles, con un senado mucho más en disputa. En parte, se explica por qué, tal y como recoge Ruth Igielnik (New York Times), Trump se encuentra el momento más bajo de aprobación, con un rechazo del 58%. Quizá por eso, Thomas B Edshall (New York Times) lo ve como el peor presidente de la historia.
Sobre estas elecciones ha empezado a sobrevolar una duda sobre su seguridad (The Economist). Varios analistas de POLITICO proponen algunas medidas para superar diversas vulnerabilidades serias en la seguridad electoral, especialmente ante desinformación e interferencias internas, más que externas. En este sentido, Anna Nicolaou y Eva Xiao (Financial Times) analizan cómo Trump ha transformado el entorno mediático del país.
En la plana económica, Trump está apretando el tono contra la Reserva Federal, algo que, según Victoria Guida (POLITICO), podría acabar saboteando sus propios objetivos al debilitar la institución y complicar el relevo al frente. En este sentido, Aaron Krolik (New York Times) explica que las guerras y las sanciones están acelerando la estrategia de China para internacionalizar el renminbi y crear un sistema financiero alternativo que reduzca la dependencia del dólar. Aunque, como explica Alicia García-Herrero (Financial Times), no todo es positivo para una China que no sale de la dinámica deflacionaria en la que se encuentra inmersa. En un último apunte sobre el tema, Eswar Prasad y Caroline Smiltneks (Project Syndicate) analizan también el impacto económico global de la guerra.
De momento, más allá del esfuerzo militar, Trump podría pagar un elevado precio tanto político como económico por el conflicto con Irán. Como explica Ian Ward (POLITICO), la guerra le está enseñando a Trump una fotografía del mundo que está construyendo y no sale muy bien.
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