Las claves geopolíticas del mes. Marzo 2026

Irán, otra guerra de Trump

El Cercle d’Economia, junto con CIDOB, ofrece cada mes un análisis breve de la situación geopolítica global.

Las claves geopolíticas del mes. Marzo 2026

Irán, otra guerra de Trump

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¿Por qué ahora? Las claves geopolíticas del mes pasado apuntaban a la debilidad del régimen iraní, como consecuencia de las protestas internas, y al mal estado del "eje de la resistencia", tras las ofensivas israelíes en el Líbano y Gaza, como factores explicativos de la apertura de un nuevo frente de guerra en Oriente Próximo. Desde la intervención de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, y que se salda por el momento con la decapitación del régimen ayatolá y más de mil muertes, se han abierto paso distintas explicaciones sobre los motivos de esta operación militar. Una tiene que ver con la presión que el gobierno de Netanyahu haya ejercido sobre influyentes actores de la Administración Trump, indicando las circunstancias óptimas para el cambio de régimen en Irán ante un momento de gran debilidad. Otra apunta a la estrategia de condicionar el acceso a fuentes de energía a China, que importa algo más del 10% de su petróleo de Irán y el 3-4% de Venezuela. Atacando a estos países Estados Unidos podría estar (solo parcialmente) condicionando el acceso de China a sus fuentes de energía, de la misma manera que China ostenta un poder tecnológico y manufacturero que condiciona la economía de Estados Unidos.

Una tercera hipótesis pasa por la influencia de los elementos más ideologizados de la Administración, que verían en el desmembramiento de los regímenes en Venezuela, Irán y quizá Cuba una baza para luchar contra las posiciones más aislacionistas del movimiento MAGA. Finalmente, está la explicación en términos de amenaza a la seguridad nacional, dada por la supuesta proliferación de un programa de armamento nuclear en Irán. Esta explicación ha sido rebatida por el hecho de que fue el mismo Trump quien se retiró del acuerdo nuclear del JCPOA en su primer mandato, desechando un marco que había sido exitoso a ojos del Organismo Internacional de Energía Atómica. El propio Grossi, director de la OIEA y aspirante a secretario general de Naciones Unidas (para lo que necesitaría el apoyo de Trump), ha descartado la existencia de tal riesgo inminente. Vistas con perspectiva, las negociaciones anteriores al estallido de la guerra sobre el programa nuclear parecen haber sido una cortina de humo.

Perspectivas de la guerra. La Administración Trump y el propio presidente dan señales contradictorias sobre la consecución de sus objetivos estratégicos. Mientras que la opción del cambio de régimen fue perdiendo preeminencia a medida que pasaban los primeros días y ganaba peso en el argumentario la detención de la supuesta proliferación nuclear, Trump parece haber vuelto a la narrativa de la aniquilación total del régimen y a su rendición incondicional. El cambio de régimen parece poco probable sin la presencia de tropas sobre el terreno, algo que la Casa Blanca descarta y deja de descartar en función del día, pero que sin duda molesta a las bases MAGA. Episodios como Iraq, Libia o Afganistán están muy presentes en el imaginario americano, del mismo modo que demuestran que empezar guerras en Oriente Medio es una tarea mucho más sencilla que terminarlas.

El desgaste político que conlleva la operación puede ser uno de los motivos que lleven a Trump a declarar el final de la guerra, pero parece poco probable que lo pueda hacerlo sin conseguir algo más que la muerte de Jameneí. Algunos analistas han apuntado a la necesidad de hacerse con el control de la isla de Kharg, por donde transita el 80-90% de las exportaciones de petróleo de Irán. Esto permitiría el control de facto del régimen y su capacidad para reconstruir su ejército, el programa nuclear, financiar a aliados regionales y sobrevivir como potencia regional. También permitiría explorar escenarios alternativos para el gobierno de Irán, si las manifestaciones contrarias al régimen van a más o si surge un liderazgo alternativo. En contra está el control que mantienen los ayatolás del aparato represivo del estado, su arsenal militar y su permeación en todos los ámbitos de gobierno. No son descartables tampoco una escalada de la guerra más allá de la duración prevista de algunas semanas, la desintegración del estado y su descomposición interna (replicando un estado fallido en la región como Iraq, Afganistán o Libia) y la consecuente desestabilización regional. Por el momento, las manifestaciones iniciales celebrando la caída de Jameneí han sido contrarrestadas por un aumento de la represión interna, la bunquerización del régimen para su supervivencia y las muestras de rechazo al agresor y el deseo de venganza.

Derivadas regionales. Tras la intervención, el conflicto ha escalado de manera mucho más pronunciada que cualquier otro episodio de violencia reciente, guerra de Gaza incluida. Los países del Golfo han sido atacados por misiles y drones provenientes de Irán o de sus proxies, poniendo en riesgo su modelo de seguridad y de economías avanzadas. Estos países, que mostraron reticencias a la intervención por la disrupción prevista en los mercados energéticos con el cierre casi total del estrecho de Ormuz, se ven condicionados también por su cercanía a Estados Unidos. Su capacidad de defensa disminuye a medida que la guerra se alarga y sin las garantías de apoyo estadounidense, centrado en una operación que está costando mil millones de dólares al día. Irán y sus aliados regionales pueden estar apostando por una guerra de desgaste, desangrando las capacidades defensivas de sus enemigos regionales, y temporizando la contraofensiva. Bajo este escenario, el régimen ayatolá tendría más posibilidades de sobrevivir.

Israel, en cambio, sigue presionando para que la ofensiva norteamericana derive en un debilitamiento tal del régimen iraní que le sea imposible reconstituirse. El cambio de régimen sigue siendo para Israel una cuestión existencial, mientras que, para Estados Unidos, la intervención tiene un carácter más instrumental, e incluye las relaciones con los países del Golfo, el precio del petróleo o el foco en el debilitamiento de China. Las perspectivas del surgimiento de un Irán democrático se alejan a medida que el régimen muestra alta capacidad de resiliencia. Actores fuera de la región como Turquía temen el impacto en términos de crisis de refugiados, mientras China se proyecta como el actor responsable del sistema internacional, con pocos incentivos para apoyar explícitamente a Irán ni entrar en la guerra. Rusia sigue centrada en Ucrania, pero se beneficia de la desestabilización de Oriente Medio como foco de atención de Estados Unidos y Europa.

Europa ante la guerra. Las divergencias estratégicas iniciales entre socios europeos han remitido. Al inicio, solo España se mostró claramente contraria a la intervención, calificándola de ilegal y contraria al derecho internacional. Alemania e Italia fueron reacias a criticar a Trump (hasta el punto de que Merz criticó en la Casa Blanca la postura de España) y países como Hungría, Chequia o Estonia apoyaron explícitamente la intervención. La Alta Representante Kaja Kallas y la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen evitaron mencionar la intervención estadounidense e israelí al pronunciarse sobre la guerra, cargando toda la responsabilidad en Irán. A medida que avanza la operación y se desestabiliza la región, Europa se ha situado en un nuevo equilibrio. Las amenazas de boicot comercial de Trump hacia España han sido correspondidas con la defensa unánime del mercado único por parte de los principales países europeos. Consideran un ataque a España como un ataque a todo el bloque en términos comerciales, e instan a la Casa Blanca a respetar los acuerdos comerciales vigentes.

En el ámbito de la política exterior, de seguridad y defensa (competencia de los estados miembros), el impacto de un misil a una base militar británica en Chipre hizo remitir las divergencias europeas. En el plano ofensivo, muchos países de la UE se han acercado a la posición española, impidiendo el acceso de fuerzas militares estadounidenses a bases italianas o francesas si el propósito es apoyar las maniobras de ataque. Ningún estado miembro de la UE ha mostrado interés en participar de la ofensiva estadounidense e israelí. En el plano defensivo, Francia, Grecia, Italia y España han enviado fragatas, cazas, sistemas antidrones y antimisiles para la defensa de la isla, miembro de la UE. Chipre no ha invocado la cláusula de defensa mutua recogida en el artículo 42.7 del Tratado de la UE, pero el posicionamiento político europeo ha sido claro (recordemos que Chipre no podría invocar el artículo 5 de la carta Atlántica porque no es miembro de la OTAN). Chipre ostenta además la presidencia rotatoria semestral de la UE, y algunas de las reuniones previstas en la isla han debido ser canceladas por motivos de seguridad. La línea defensiva de los países europeos también incluye la protección de sus bases militares en la región en caso de ser atacadas por Irán o sus proxies.

El impacto doméstico en Estados Unidos. La Administración Trump se juega mucho en el plano doméstico como consecuencia de la guerra. En un año de elecciones de medio mandato, los republicanos temen perder el control de la cámara baja (lo que abriría la puerta a un proceso de impeachment al presidente, por ejemplo), en caso de que la inflación no remita y la involucración en otra guerra lejana pase factura política. Estos temas fueron el centro de la campaña que llevó a Trump a su segunda presidencia. Las bases MAGA son muy reacias a lo que consideran un despilfarro de recursos no centrados en las políticas America First, y ya han surgido críticas por parte de influyentes opinadores como Tucker Carlson o la congresista Marjorie Taylor Greene. El grado de apoyo y de rechazo a la guerra entre republicanos se encuentra en ambos casos en torno al 40%, mientras que un 60% de los americanos la rechaza. La intervención en Irán pone en duda también los postulados de la Estrategia de Seguridad Nacional, que hizo del hemisferio occidental el foco de la política exterior estadounidense, como validaron la operación en Venezuela y las amenazas a Groenlandia. Oriente Medio no deja de ser la región de la que muchos presidentes norteamericanos han querido distanciarse, ya sea mediante el pivote hacia Asia de Obama o el abandono de las forever wars de un presidente como Trump.

A cargo de Pol Morillas, director del CIDOB y miembro de la Junta Directiva del Cercle d'Economia 

8 de marzo de 2026