
Poco más de siete meses lleva Donald Trump, de nuevo, en la Casa Blanca. Unos meses que han sido suficientes para redefinir el orden mundial, pero, sobre todo, para dejar muchas incógnitas sobre sus planteamientos. Una de las principales es su planteamiento exterior. Por un lado, Esteban Wertheim (Financial Times) se pregunta hacia dónde quiere Trump que vaya su relación con China. Para David Brooks (New York Times) esta incertidumbre da ventaja a China, ya que Trump no sabe dónde va. Ross Douthat (New York Times) amplía la idea y añade que el gigante asiático mantiene sus planes mientras Trump se distrae con otros conflictos como Rusia o Israel que le hacen perder el histórico liderazgo global que ejercía el país norteamericano.
En estos conflictos también crece la incógnita. Esta semana, Trump ha dado un nuevo ultimátum a Putin sobre la necesidad de poner fin al conflicto, lo explica Seb Starcevic (POLITICO). Según The Economist, Trump, harto de la "falta de respeto" del presidente ruso, ha ofrecido armas y ayuda a Zelenski. Una prueba más de la falta de rumbo, ya que, como explica Anne Applebaum (The Atlantic), hace una semana la administración hacía lo posible por mentir el envío de armas a Ucrania. En Oriente Próximo, Bret Stephens (New York Times) defiende que sólo la contundencia militar de Israel ha abierto vías diplomáticas reales, en un contexto en el que la fuerza, más que la moral, sigue marcando el ritmo de los acontecimientos. Algo que contrasta con los recortes de Trump en acción exterior que explica The Economist en cinco gráficos.
A pesar de la situación geopolítica, The Economist señala la resistencia de la economía. A pesar de la "policrisis" global, la economía mundial se muestra resiliente gracias a cadenas de suministro más eficientes y a la protección fiscal gubernamental, aunque esta "economía teflón" podría enfrentarse a riesgos graves en la próxima crisis. A pesar de la bonanza, la economía también es uno de los objetivos de Trump, por eso, tal y como explica Michael Schaffer (POLITICO), está intentando despedir a Jerome Powell, presidente de la FED. Sin embargo, KatieMartin (Financial Times) explica que esta estrategia no está intimidando a los inversores aunque ha abierto una nueva herida en las filas republicanas. En este sentido, Victoria Guida (POLITICO) apunta que hay conservadores que quieren preservar la independencia de la reserva federal.
Donde sí parece tener un rumbo claro el camino de Trump es con sus vínculos con otros líderes populistas, como Jair Bolsonaro en Brasil, que evidencian un nuevo tipo de alianza para desafiar el orden internacional. Jan-Werner Müller (Project Syndicate) destaca que esta solidaridad entre populismos alimenta un discurso de "enemigos comunes" y refuerza un modelo político autoritario que va más allá de las fronteras nacionales. Mientras Trump impulsa medidas económicas como los aranceles contra Brasil, también consolida una estrategia global de confrontación que pone en peligro la cooperación internacional e intensifica la polarización política. Estas acciones no sólo debilitan la democracia más allá de los Estados Unidos, sino también internamente. Como señala Thomas B. Edsall (The NewYork Times), Trump ha conseguido redefinir las reglas del juego político en Estados Unidos, creando un sistema de autoritarismo competitivo que, a pesar de sus debilidades, ya ha causado daños difíciles de revertir.
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