Lecturas en Círculo 21/25

Tras el acuerdo de paz en Gaza, Trump pone ahora el foco en el segundo gran acto por la paz: poner fin a la invasión de Ucrania. Siete expertos del New York Times, analizan las posibilidades reales de poner fin al conflicto. La propuesta de acuerdo de Trump, según Nina L. Khrushcheva (Project Syndicate), es que el plan de paz de 28 puntos solo beneficiará principalmente a la administración de Donald Trump, dejando a Ucrania y a sus ciudadanos como los grandes perdedores. Esto se debe, a ojos de Anne Applebaum (The Atlantic), a que el enviado norteamericano Steve Witkoff está constantemente inclinando el proceso a favor de Rusia. Es por ello que Harold James (Project Syndicate) defiende que el plan de paz de EEUU para Ucrania es una "puñalada por la espalda": tan favorable a Rusia que equivale a un documento redactado por el Kremlin, poniendo en riesgo no sólo a Ucrania sino también la seguridad y la credibilidad de Europa.

En concreto, David French (New York Times), remarca que cualquier acuerdo de paz con Rusia que obligue a Ucrania a reducir sus fuerzas y ceder territorio sería un desastre estratégico, porque pondría en peligro su independencia, reforzaría a Putin y enviaría una señal de inseguridad a los aliados de la OTANSin embargo, Gideon Rachman (Financial Times) recuerda que Zelenski no tiene muchas más opciones que acogerse al plan de Trump ante sus amenazas. Aunque Chris Lunday Veronika Melkozerova (POLITICO) discrepan y defienden que Ucrania seguirá luchando, aunque lo haga sola, por estos motivos. La única manera de evitarlo, según The Economist, es que Ucrania y Europa tomen la iniciativa.

Por ello, explican HallFoy Pitel (Financial Times), Europa reacciona internamente cambiando su hoja de ruta hacia la paz ante la nueva propuesta de Trump por el fin del conflicto en Ucrania. En concreto, según analistas de POLITICO, Von der Leyen ve el plan de paz como un punto de partida, pero pone condiciones. Para Zaki Laïdi (Project Syndicate), el plan de Trump supone una derrota estratégica para toda Europa porque debilita su seguridad, relanza el papel de Rusia en la política internacional y relega a Europa a espectadora. Por ello, explican RossSorgi y Smith-Meyer (POLITICO), la UE prepara un "plan B" para financiar ucrania — emitir nueva deuda conjunta — después de que el préstamo basado en activos rusos quedara bloqueado.

En este contexto, Europa afronta el reto de consolidarse como actor independiente y con voz propia en un mundo marcado por las crisis y la competencia globales. Teresa Ribera (Financial Times) defiende que liderar las normas de transparencia y sostenibilidad es clave para proteger la soberanía y la competitividad europea. Por su parte, Nicola Beer (Project Syndicate) advierte de la necesidad de independencia tecnológica y apunta a asegurar el acceso a materias primas críticas y tierras raras para garantizar la transición verde. Finalmente, la UE debe reforzar su unidad interna, promoviendo alianzas centristas y de consenso para poder afrontar retos internos y externos, por ello, Max Griera (POLITICO) analiza el impacto que puede tener el reciente acuerdo parlamentario entre derecha y extrema derecha en el futuro de la gobernabilidad de la Unión. Todo ello muestra que, entre la gestión del conflicto en Ucrania y la construcción de un liderazgo propio, Europa necesita definir sus reglas y no quedar relegada a espectadora.


Mientras tanto, explica Anne McElvoy (POLITICO), rostros conocidos de la política europea como la ex primera ministra británica Liz Truss, junto con otras figuras conservadoras como Boris Johnson y Nigel Farage, han participado en actos de MAGA en Estados Unidos, adoptando el estilo provocador y mediático de Donald Trump para ganar visibilidad y reforzar su influencia política. Como recuerda John Thornhill (Financial Times), esta presencia mediática se enmarca en un contexto de erosión de la confianza pública y amplificación de narrativas manipuladas. Quizá por eso, Trump busca imponer un acuerdo a Ucrania no para poner fin al conflicto ni para ayudar al país, sino para reforzar su agenda internacional y proyectar poder, una estrategia que equivaldría a un "premio Neville Chamberlain" por traición a los aliados y a los valores occidentales, a ojos de Thomas L. Friedman (New York Times).

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