
La Unión Europea ha llegado a un acuerdo para conceder a Ucrania un gran préstamo de 90.000 millones de euros para sostener el coste de la guerra, pero ha dejado de lado la opción de financiarlo directamente con los 210.000 millones de euros de activos rusos congelados porque no se pudo conseguir el apoyo de los estados miembros, lo explica Zoya Sheftalovich (POLITICO). Tim Ross (POLITICO) sostiene que esta decisión confirma que Europa continúa profundamente dividida y reticente a asumir cualquier coste para salvar ucrania. Para Martin Sandbu (Financial Times) activar los activos rusos era la oportunidad de la UE de convertir su peso económico en poder político, un paso clave para superar años de parálisis y dependencias geopolíticas. A pesar de la importancia del acuerdo, Seddon, Dubois y Foy creen que la amenaza de represalias de Putin ha incrementado las divisiones dentro de la UE, con países como Bélgica, Italia y Austria temerosos de las consecuencias que podría tener la decisión (Financial Times).
The Economist hace un repaso a cuál es la situación actual de la guerra: a pesar de algunos éxitos tácticos, Ucrania sigue sufriendo presión rusa masiva en todo el frente, con graves dificultades de reclutamiento y coordinación. El acuerdo de paz todavía parece lejos, según Ursula Von der Leyen (POLITICO), que subraya la necesidad de que cualquier solución sea "justa y duradera", con garantías de seguridad sólidas y la participación activa de Ucrania en las decisiones sobre su territorio. En este sentido, James Kirchick (POLITICO) alerta de que Rusia utiliza el concepto de "paz" como herramienta de propaganda con el único objetivo de avanzar en sus intereses y que figuras de la Administración Trump han caído en esta trampa, presionando a Ucrania mientras premian al agresor. Kim Barker (New York Times) explica que esta sensación ha llegado dentro de las fronteras del país y que los ciudadanos ven la retórica estadounidense como pura gesticulación.
En medio de las negociaciones, Trump sorprendió a los líderes europeos atacando, en una entrevista a POLITICO, de manera directa a los máximos dirigentes de la unión, afirmando que "son débiles" y que "Europa no sabe qué hacer", criticándolos por su gestión de la migración y de la guerra a Ucrania. Dijo que, sin cambios en sus políticas, algunos Estados europeos "no serán viables como países". Según Jeremy Shapiro estos ataques responden a la visión de Trump de que Europa es débil y decadente, con alta dependencia de EE.UU., y que el Viejo Continente es un bastión liberal que hay que atacar como extensión de su guerra cultural. Por eso Trump, según Chistopher Caldwell (New York Times), no está atacando a Europa como civilización, sino criticando a la Unión Europea y su modelo transnacional para expandir su ideología. En este sentido, Martin Wolf (Financial Times) detalla que la estrategia de Trump busca colocar partidos nacionalistas y de extrema derecha en el poder, viendo a la Unión Europea como un enemigo ideológico que hay que "corregir".
Jamie Dettmer (POLITICO) explica que los diplomáticos europeos en Washington están desorientados y cautelosos ante la actitud de Trump, que rompe con la tradición transatlántica y cuestiona la relación con Europa. Por este motivo, Mark Leonard (Project Syndicate) defiende que Europa ya no puede depender de Estados Unidos y debe empezar a elaborar por sí misma una estrategia a largo plazo, tanto en el caso de la guerra de Ucrania como en su capacidad de influencia global. Para Gijs, Gavin y Kayali (POLITICO) la dificultad radica en la convivencia de una acción europea coordinada y la soberanía de los Estados.
A pesar de las críticas constantes de la Administración Trump, la UE sigue siendo un actor indispensable para afrontar los retos globales. Según la editorial del New York Times, los Estados Unidos no pueden competir solos con la potencia industrial y militar creciente de China, y necesitan alianzas fuertes con actores como la UE para equilibrar el poder económico y tecnológico. Edward Luce (Financial Times) lo amplía apuntando que la pérdida de competitividad frente a China deja a Europa como un socio estratégico clave para Estados Unidos para mantener la influencia occidental y controlar recursos globales. En este sentido, Emmanuel Macron aboga por que la UE debe reforzar su autonomía, invirtiendo en innovación y protegiendo la competitividad para ganar peso geoestratégico (Financial Times). Europa sabe cuáles son sus deberes pendientes para reforzar su posición en el mapa ahora que parece que debe salir de la sombra de Estados Unidos.
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