Lecturas en Círculo 02/26

Donald Trump ha aprovechado el Foro Económico Mundial de Davos para presentar cómo se imagina el mundo y supone un peligro global (The Economist). Gideon Rachman (Financial Times) cree que el discurso, confuso, de Trump en Davos, a pesar de marcar un paso atrás en la amenaza sobre Groenlandia, confirma que el antiguo orden basado en una América benigna se ha acabado. En concreto, dice Bret Stephens (New York Times), evidencia un cambio de era en el que Europa ya no sólo debe temer a Rusia, sino también la coerción y el posible abandono de Estados Unidos, en un contexto que recuerda la decadencia europea previa a la Primera Guerra Mundial. Además, Mariana Mazzucato (Project Syndicate) critica que el uso de Trump atenta contra el sentido de un encuentro internacional cada vez más alejado del motivo por el que nació

En una carta enviada al primer ministro de Noruega, Donald Trump justificó su interés por Groenlandia con razones que mezclan vanidad y delirio, asegurando que, como Noruega no le había concedido el Premio Nobel de la Paz, ya no se sentía obligado a pensar sólo en la paz (Jamalle BouieNew York Times). Al mismo tiempo, según Soumaya Keynes (Financial Times), la carta demuestra que Trump entiende la geopolítica como un mercado financiero: proponiendo incluso un pago multimillonario para adquirirla, como si fuera una empresa o un campo de golf, ignorando la voluntad de los 56.000 habitantes y los vínculos políticos con Dinamarca. Anne Applebaum (The Atlantic) destaca que la carta refleja un desaire hacia las alianzas y normas internacionales y evidencia su incapacidad de separar los intereses propios de los de la nación

Sobre las motivaciones del cambio de rumbo de Estados Unidos, Thomas L. Friedman (New York Times) sostiene que las acciones de Trump en Groenlandia y su retórica contra los aliados europeos no responden a un interés nacional ni a principios estratégicos, sino a un "Me First": un impulso egocéntrico que pone sus propias ambiciones y su ego por encima de los intereses de Estados Unidos. Ankush Khardori (POLITICO) coincide en ello y señala que este egocentrismo, combinado con grandiosidad y sociopatía, conduce a un comportamiento internacional errático e imprevisible, en el que las alianzas y las normas sólo cuentan si sirven a los intereses personales o empresariales del presidente. En cambio, Janan Ganesh (Financial Times) recuerda que este comportamiento no es sólo culpa del presidente, sino la expresión casi inevitable de la ansiedad de una superpotencia en declive. Según Nahal Toosi (POLITICO), esta obsesión ha descolocado a diplomáticos y analistas en Washington, cambiando paradigmas y poniendo en riesgo la confianza con los aliados

Esta desconfianza se ha agravado tras la presentación del Board of Peace, un club privado de estados creado por Trump en Davos con miembros como Israel, Arabia Saudita y Bielorrusia, que refleja una mezcla de espectáculo, vanidad y gestión personalista de la política internacional, según Henry Mance (Financial Times). De hecho, recoge Esther Webber (POLITICO), es uno de los motivos por los que Europa se ha alejado de la iniciativaRajan Menon (New York Times) añade que, aunque la crisis de Groenlandia parece momentáneamente resuelta, la confianza en la defensa transatlántica se ha roto y Europa ha empezado a considerar medidas de soberanía militar y coordinación independiente, poniendo de manifiesto que el fin de la dependencia de Estados Unidos puede ser inevitable. Según Tim Ross (POLITICO), todo ello confirma que las alianzas tradicionales ya no garantizan protección, y que la reconstrucción de la seguridad europea requerirá una apuesta decidida por la autonomía y la cooperación interna

En este sentido, Nicholas Vinocur y Zoya Sheftalovich (POLITICO) explican que los líderes del Viejo Continente aceptan que la soberanía estratégica compartida debe cubrir defensa, energía y economía, para superar la dependencia del apoyo americano. Ursula von der Leyen insiste en que sólo con unidad y decisión Europa podrá garantizar su autonomía. En este sentido, John Thornhill (Financial Times) sostiene que Trump ha despertado Europa, obligándola a invertir en defensa y tecnología propias y a reducir la dependencia de Estados Unidos. Para ello, Henry J. Farrell (New York Times) pide medidas económicas fuertes, como el "anti-coercion instrument", para proteger los intereses europeos. En definitiva, Europa debe moverse de forma coordinada en la era de la geopolítica privada de Trump.

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