Juan-José López Burniol, protagonista de una nueva edición de «Las personas del Cercle»

Juan-José López Burniol, abogado y notario, ha sido el protagonista de una nueva edición de «Las personas del Cercle», una iniciativa del «Cercle Obert», un espacio de reflexión y debate creado hace más de 20 años y liderado por las nuevas generaciones de socios del Cercle d’Economia, provenientes de los ámbitos económico, académico, científico y cultural. Su objetivo es conectar talento joven con el fin de generar nuevos liderazgos para la ciudad y el país, garantizando la transversalidad a través de la incorporación de perfiles profesionales plurales y sensibilidades diversas.

El vicepresidente del Cercle d’Economia Pau Guardans ha dado la bienvenida al acto destacando "la contribución de Juan-José López Burniol al Cercle y al diálogo, pensamiento e integridad intelectual de este país".

El socio del Cercle Ferran Boadas, responsable de conducir la conversación con López-Burniol, lo ha presentado como "uno de los intelectuales más precisos a la hora de analizar retos políticos, jurídicos, históricos y económicos con profundo conocimiento de la diplomacia, la geopolítica y la economía".

Exdecano del Colegio Notarial de Cataluña y exvicepresidente de la Fundación "la Caixa", el abogado y notario Juan-José López Burniol hace 23 años que es socio del Cercle d’Economia, 17 de los cuales como miembro de su junta directiva (2002-2019). Tiene una larga trayectoria como articulista y líder de opinión, reflexionando sobre política, derecho y sociedad.

No soy un notario vocacional. De hecho, no se puede tener vocación de notario. Sólo hay tres oficios que tienen 'algo más': los que curan, los que enseñan y los que juzgan, porque en las decisiones que toman inciden de una manera brutal en el futuro de las personas.

El notariado me ha dado tres cosas: me he ganado la vida, me ha proporcionado independencia económica y profesional y me ha dado un observatorio social privilegiado.

La tensión territorial entre Cataluña y España creció desde 1898, cuando tras la pérdida de Cuba los empresarios catalanes se preguntaron porque sirve un estado que no protege sus mercados.

Recuperar la memoria histórica debe hacerse con vigilancia para no priorizar una memoria en detrimento de la otra.

Se ha acabado el primer proceso pero ha empezado un segundo, el de "la tercera Cataluña", que incluye instituciones sociales, buena parte del empresariado y la "Cataluña profunda" que busca descalificar el régimen del 78, exaltar la plurinacionalidad y mutar el Estado autonómico hacia una confederación bilateral sin reforma constitucional, con un riesgo de efecto mimético en toda España.

El problema más importante que tiene España es el territorial y para solucionarlo hay que reconocer Cataluña como nación histórica y cultural, darle competencias plenas en lengua/cultura/educación, poner un tope a su aportación al Fondo de Solidaridad y hacer una agencia tributaria compartida. Y si así no basta, defender el referéndum de autodeterminación.

La desaparición de las virtudes morales cristianas (protestantismo, cumplir la palabra, trabajo, sobriedad) generó la crisis de 2008—no de mercados sino de mercaderes— y la exacerbación de los derechos individuales, lo que provoca una descomposición social y la reacción a la derecha entre la juventud.

El Cercle hizo en 1958 y los años siguientes todo lo que no hacían las otras entidades catalanas. La influencia de Cataluña en el tardo franquismo fue determinante y uno de los canales clave fue el Cercle. Hoy en día, recomendaría al Cercle jugar la contra de la hegemonía cultural actual marcada por la izquierda, alertar de los cambios radicales que estamos viviendo por ejemplo en demografía y fomentar el coraje colectivo que ahora falta en generaciones bien formadas, pero demasiado centradas en el interés personal.