
En raras ocasiones puede darse una situación tan compleja como la que vive hoy la economía española. Hemos llegado a ella tras una severa crisis que viene prolongándose desde hace más de tres años. En paralelo con sus dramáticas consecuencias económicas, sus efectos en forma de desorientación y malestar ciudadanos, y de desafección con la práctica política, son notorios y crecientes. Los riesgos de un mayor deterioro económico resultan obvios. Menos obvio, pero quizás aún más preocupante, resulta un superior quebranto político y social.
Pese a todo, aún estamos a tiempo de salir del túnel con una economía más estable y competitiva, con un grado elevado de cohesión social, y con una recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones públicas.
Para lograrlo, tenemos que orientar todos los esfuerzos sociales y políticos en dos direcciones. En el frente interno, actuando de forma decidida para resolver una difícil ecuación: hacer compatible la austeridad en el gasto con el crecimiento económico y la reducción del paro. Y en el frente europeo, avanzando en el gobierno político y económico de la eurozona.
