Perspectiva de la economía global: Visión desde Europa y desde los EE.UU.

El debate de la sesión se centró en los retos geoeconómicos globales, el impacto de las políticas estadounidenses y las oportunidades para Europa en un escenario de alta incertidumbre. En este contexto global, Europa y Estados Unidos afrontan 2025 con estrategias económicas divergentes pero interconectadas. La moderadora Núria Mas señaló que la economía también dispone de “armas de destrucción masiva”, como se está viendo con las políticas de la administración Trump, que suponen un giro radical en el ámbito económico, financiero y comercial a escala global.

Francisco Blanch inició su intervención destacando las diferencias estructurales entre Estados Unidos y Europa. Señaló que el crecimiento americano ha sido impulsado por tres vectores clave: la duplicación de la deuda pública, una posición de liderazgo tecnológico y una expansión energética sin precedentes. “EE. UU. han añadido 17 billones de dólares de deuda en los últimos diez años”, subrayó, remarcando que esto ha propiciado un crecimiento fuerte, pero también ha generado vulnerabilidades, como una elevada desigualdad interna.

Respecto a la productividad, Blanch insistió que la gran ventaja americana radica en la eficiencia del capital y la innovación tecnológica: “No es que Europa tenga una mano de obra peor, sino que EE. UU. han invertido más y mejor en capital y tecnología”. También destacó la capacidad del país para generar energía: “Han producido el 60% del crecimiento global en petróleo y el 35% en gas. En cambio, en Europa la producción energética ha caído”, aunque se ha intentado suplir con renovables con resultados divergentes.

Esta orientación ha llevado a una especialización americana en sectores como el químico o la información digital. “El 90% del valor añadido del sector de la información proviene de internet y las tecnologías digitales, no de libros ni revistas”, explicó. Aunque en Europa también se avanza mucho en liderazgo de farmacéuticas, salud e industria aeronáutica. Sin embargo, alertó que esta dependencia de EE. UU. de sectores intensivos en energía, tecnología y capital ha creado una especie de “enfermedad” que puede derivar en desequilibrios estructurales.

Aranceles, inmigración y recortes fiscales
Por su parte, Pablo Hernández de Cos coincidió con el diagnóstico de Blanch y puso énfasis en la baja productividad del sector tecnológico europeo como factor clave del diferencial de crecimiento. Analizó las políticas anunciadas por Donald Trump en su segunda administración y las clasificó según su impacto: “Los aumentos arancelarios —menor llegada de productos— y las restricciones migratorias —menos mano de obra— son focos de oferta negativos que generan menos crecimiento potencial y más inflación. En cambio, los recortes fiscales prometidos por Trump pueden ser un foco de demanda positivo”.

Aun así, advirtió que una política fiscal expansiva no siempre se puede compensar con recortes de gasto: “Los recaudadores de impuestos y los ministros de Hacienda casi nunca compensan del todo un recorte fiscal. Esto genera déficit y más presión inflacionaria”. Paralelamente, señaló que una desregulación excesiva del sector financiero, si bien puede impulsar el crédito a corto plazo, “parece la semilla de una nueva crisis”.

Política de inversión conjunta
En clave europea, Hernández de Cos defendió la necesidad de más integración para hacer frente a un mundo potencialmente desglobalizado. Citó datos del Fondo Monetario Internacional que equiparan las barreras internas a aranceles del 40% en manufacturas y del 110% en servicios: “Eliminar estas barreras puede ser más efectivo que combatir las de EE. UU.”. También reclamó una política de inversión europea conjunta: “Hay proyectos que solo serán eficientes y suficientes si se financian conjuntamente”.

Respecto al futuro del euro, consideró fundamental avanzar en la creación de un activo seguro europeo para reforzar su papel como moneda de reserva: “El mercado solo confiará plenamente en el euro si ve una arquitectura institucional sólida, con un fondo de garantía de depósitos y una unión de mercados de capitales real”. Estas reformas, según él, podrían ayudar a Europa a ganar peso en un mundo multipolar.

Crisis energética europea
En su segunda intervención, Blanch profundizó en las consecuencias de la crisis energética europea, provocada por la guerra de Ucrania y la ruptura con Rusia: “Hemos perdido el 16% de la demanda gasística industrial de manera permanente. Queremos reindustrializar y fabricar tanques, pero sin energía ni metales rusos es muy difícil”. Por eso defendió una política menos dogmática y más pragmática: “Necesitamos almacenamiento energético, no solo reducir el consumo”.

Sobre materias primas, apuntó que el mercado ya está reaccionando a la incertidumbre geopolítica: “El valor del mercado global del oro se acerca a la deuda pública americana en manos del público. Eso dice mucho”. También se mostró positivo respecto al cobre, clave para la transición energética, y alertó de las limitaciones ambientales del gas licuado y de las baterías chinas: “Nuestros paneles solares pueden ser limpios, pero se fabrican con energía de carbón”.

Para concluir, los ponentes compartieron recomendaciones para las empresas españolas en un contexto altamente volátil. Hernández de Cos defendió la resiliencia como estrategia: “En un entorno de incertidumbre, hacen falta empresas robustas, como hemos exigido a los bancos”. Blanch complementó recomendando una gestión activa del riesgo a través de los mercados derivados: “El euro puede subir a 1,30 o volver a la paridad. Los tipos de interés pueden desplomarse o dispararse. Hay que tener planes para todo”.

Sesión moderada por Núria Mas, vocal de la Junta Directiva del Cercle d’Economia
Francisco Blanch, director gerente del Bank of America
Pablo Hernández de Cos, próximo director del Banco de Pagos Internacionales