«Angelus Novus», de Paul Klee

Isabel Valverde

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«La obra de arte hay que verla como agente, no es un receptáculo pasivo. La relación de la obra y su tiempo es compleja y dialéctica», afirma Isabel Valverde, Profesora en el Departamento de Humanidades de la UPF.

Y para corroborarlo inicia la sesión con Laurie Anderson y la finaliza con Walter Benjamin. Y a lo largo del recorrido por el que nos conduce con mano maestra nos muestra un panorama completo del arte, la cultura y la política de un periodo, el de entreguerras europeo, de una complejidad y fascinación apabullantes. Un periodo durante el que Klee, un ‘artista degenerado’ según la terminología nazi que se niega a demostrar su ascendencia aria y se exilia a Suiza ya en 1933, es un actor más entre tantos otros: Gropius y Kandinsky, la Bauhaus, Scholem, el pacto germano-soviético, el antisemitismo, Arendt, Agamben, el arte degenerado, el nazismo, Bataille, el exilio, las tesis sobre la filosofía de la historia…

Y Benjamin, siempre Benjamin. Pocas veces una obra ha estado tan connotada no por el artista sino por su propietario y autor de una breve nota al respecto: el “Angelus Novus”, el Ángel de la Historia que nos interpela con los ojos abiertos.

Incluso cuando Klee ya es un artista cotizado y él está sumido en la pobreza, no quiere venderla. Y explicita Isabel Valverde el nexo total entre obra y propietario, entre un Benjamin que inicia un exilio que terminará con su suicidio en Portbou y una obra que sufrirá mil vicisitudes: «Las obras son vagabundas, huérfanas, las obras sufren. A través de ellas puede escribirse gran parte de la historia de una Europa, la de los años 30, que esperemos esté alejada de cualquier similitud con el presente»

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