La revolución digital debe ser revisitada mediante una agenda humanizadora y ética que diseñe un conjunto de políticas públicas centradas en lo humano. El desarrollo de un capitalismo de plataformas ha propiciado una automatización sin reglas de la economía, planteando una serie de retos globales que afectan a la estabilidad de nuestro modelo de crecimiento e, incluso, a la viabilidad de la democracia liberal y del mercado.
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