Abogacía y justicia en tiempos de la Covid-19

Ciclo

Desde hace años la Fundació Cercle d’Economia y el Consejo General del Poder Judicial colaboran en un curso que se enmarca en el plan de formación continuada de jueces y que, lamentablemente, dadas las circunstancias, ha tenido que suspenderse. La Fundació, a pesar de ello, no ha querido dejar de reflexionar sobre la justicia en tiempos de crisis.

La pandemia ha agotado servicios esenciales sanitarios, educativos, sociales y económicos, y, lógicamente, también lo hará con los de la administración de justicia. Nuestra sociedad se ha acostumbrado a una justicia profesional, honesta y de calidad, en términos generales confiable, pero demasiado lenta e ineficaz. Parece que los ciudadanos y sus líderes, tanto políticos como económicos, lo hayan asumido resignadamente como algo inevitable.

Es difícil que un Estado debilitado por una gran recesión y una pandemia de proporciones desconocidas, que tiene que enfrentar problemas descomunales, sociales, sanitarios, económicos o educativos, vaya a cambiar una inveterada trayectoria y acometer la necesaria reforma de nuestra vetusta administración de justicia.

Los jueces deben de ser los primeros en ser conscientes que su organización es ineficaz. Los insuficientes recursos invertidos se escapan entre sus flojas costuras. Es importante cambiar la organización para que esas inversiones sean más eficientes. Aunque falten medios, materiales y personales, la solución no está solo en su aumento. Sin embargo, lamentablemente, lo único se ha hecho para paliar la situación ha sido duplicar, reduplicar y triplicar juzgados, que son organizaciones demostradamente ineficaces.

Se deben emprender otros caminos para afrontar el imponente reto que acecha, y uno de esos caminos consiste en un cambio cultural, romper con la forma de abordar los conflictos, tratar de sustituir el litigo por el pacto, entender que un deudor no es un estafador, que todos, o mejor dicho casi todos, merecemos una segunda oportunidad. En este cambio, los abogados, con una notoria influencia social, tienen un papel central como impulsores. Y los jueces, que no pueden ofrecer grandes medios, pueden prometer colaboración, imaginación y un fuerte compromiso.

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